
En 1892, el escritor William Henry Hudson publicó su libro El Naturalista en La Plata y describió a los pastizales de la región pampeana de la Argentina como “una gran llanura cubierta de hierba, donde la tierra y el cielo parecen unirse en el horizonte”.
Destacó la importancia de esos pastizales como refugios para numerosas especies de aves y mamíferos. Sin embargo, hoy enfrentan una fuerte reducción y fragmentación debido a la agricultura y la ganadería intensiva.

Esa transformación de los pastizales pone en riesgo también a las aves muy vulnerables como el tachurí canela, el cauquén colorado, el espartillero enano, el espartillero pampeano, la loica pampeana y el ñandú.
Ahora, científicos del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC), que depende de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP) y el CONICET, y el Instituto de Limnología Dr Raúl Ringuelet de La Plata descubrieron cómo la conservación de pastos altos y la gestión ganadera adecuada pueden ser fundamentales para revertir esa tendencia y ofrecer un futuro más seguro a las especies amenazadas que dependen de la integridad del ecosistema de pastizal.
Los pastizales altos que tapizan la región pampeana son mucho más que paisajes: representan la base de vida para miles de aves que dependen de su refugio para criar y sobrevivir.
Revelaron que la clave para que los nidos prosperen está en la presencia de matas de pastos nativos altos. “Los nidos rodeados por más matas de pastos altos nativos tienen mayor éxito de anidación”, contó a Infobae la bióloga y primera autora del estudio Sofía Martín-Sirito.

El resultado es contundente: cuando el ganado reduce la altura de la vegetación, las aves pierden esa capa protectora esencial contra depredadores y el clima.
No se trata solo del pisoteo directo, sino de la transformación completa del hábitat. El manejo ganadero puede inclinar la balanza entre la vida y la desaparición de muchas especies.
Detrás de esos resultados estuvieron también Stella Román, Martin Colombo, Daniel Cardoni y Juan Pablo Isacch. Publicaron los resultados en la revista Journal of Ornithology, una de las revistas más reconocidas en el mundo de la biología de aves.
Por qué importan los pastizales pampeanos

Los campos pampeanos cambiaron radicalmente en las últimas décadas. La agricultura y la ganadería recortaron la extensión de pastizales naturales y desdibujaron la variedad de especies que los habitaban.
Esta región se volvió un mosaico de cultivos y potreros. En ese contexto, las aves que dependen del camuflaje y el resguardo de la vegetación ven cómo su mundo se achica.
Para ellas, una mata de pasto alto puede ser la diferencia entre criar con éxito o perder la nidada. La presión sobre estos ambientes crece cada año.

Los investigadores quisieron entender cómo la pérdida de cobertura vegetal y los diferentes tipos de manejo ganadero afectan la supervivencia de los nidos. Compararon zonas con pastoreo y otras donde el ganado no ingresa.
Dos especies sirvieron como modelos: el Misto (Sicalis luteola) y el Pico de Plata (Hymenops perspicillatus). Se plantearon como hipótesis si la supervivencia de los nidos sería menor en áreas pastoreadas debido a la reducción de la cobertura de pastos altos.
Qué encontraron

El trabajo se desarrolló en el sudeste de la región pampeana, en la Pampa Deprimida. Se eligieron dos campos sin pastoreo dentro de la Reserva de Biosfera Mar Chiquita y dos predios privados donde el ganado rota entre potreros.
Durante tres temporadas de cría, el equipo de científicos recorrió los pastizales y localizó los nidos de las dos especies elegidas.
Se tomaron notas precisas sobre la altura de los pastos, la cantidad de matas nativas, la ubicación y el momento del año en que empezaba cada nidada. Se analizaron 68 nidos en sitios pastoreados y 42 en áreas protegidas.
Tras analizar los datos, los resultados mostraron que la cobertura de pastos altos y la altura de la vegetación aumentan las posibilidades de que los nidos lleguen a buen puerto.
“Nuestro estudio dejó en claro que el porcentaje de cobertura de pastos altos a escala de paisaje tuvo un efecto positivo significativo sobre la supervivencia diaria de los nidos de ambas especies estudiadas”, resaltó la bióloga Martin-Sirito.

En los campos con ganado, la vegetación alta escasea y la tasa de éxito disminuye. El modelo estadístico más sólido confirmó que “la supervivencia diaria de los nidos fue significativamente mayor en los sitios sin pastoreo”.
La principal causa de fracaso, tanto en potreros ganaderos como en la reserva, fue la depredación, que afectó más del 60% de los nidos.
El trabajo también exploró cómo los depredadores y el microambiente influyen en la elección del sitio del nido.
Uno de los resultados destacados fue que los mistos pueden enfrentar una mayor presión de depredación por aves. Eso favorece que los nidos estén ubicados más bajos dentro del rango observado, pero protegidos por vegetación alta.
Qué hacer, qué falta saber y por qué importa

Los investigadores piden que se conserven parches de pastos altos en los campos, y se ajusten la carga de ganado para que la vegetación tenga tiempo de recuperarse.
El manejo rotativo y la reducción de la presión ganadera permiten que la producción y la conservación vayan de la mano.
Conservar entre el 30% y el 50% de la superficie total del campo con pastos altos resulta fundamental para mantener la estructura del pastizal y favorecer la supervivencia de las aves.

Admitieron que el tamaño de los parches y la presencia de depredadores pueden variar en otras zonas. Hace falta investigar más para definir “valores umbral” de cobertura vegetal y conocer cómo afecta a otras especies de aves.
La conclusión de los investigadores es sencilla pero poderosa. “Proteger la estructura y la diversidad de los pastizales es fundamental para que las aves de la región puedan seguir criando y por ende se asegure su supervivencia”, enfatizó el doctor Isacch, en diálogo con Infobae.
Con su equipo, recalcaron que la cobertura de pastos altos “es una característica crítica del hábitat que debe priorizarse en el manejo ganadero”.

En tanto, consultado por Infobae, Pablo Grilli, coordinador del Programa Pastizales de la organización no gubernamental Aves Argentinas, comentó: “Este estudio confirma que, cuando se conserva una matriz de pastos altos, aumenta la cantidad de pichones que logran dejar el nido”. En cambio, en campos donde el pasto está bajo por el sobrepastoreo ganadero, el éxito reproductivo es menor.
“Muchas aves especialistas de pastizal requieren esa cobertura alta para anidar o refugiarse. Si el pastizal desaparece, su reproducción se ve afectada negativamente. Los científicos aportaron pruebas concretas de que esa relación también se da en el misto y el pico de plata”, concluyó Grilli.
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