
Cuando el Observatorio Vera C. Rubin comience su próxima misión, transformará la mirada humana sobre el universo al capturar imágenes inéditas de 20 mil millones de galaxias a lo largo de la próxima década, un esfuerzo que permitirá observar detalles nunca antes registrados y comprender la expansión acelerada del cosmos mediante el procesamiento diario de más de 10 terabytes de datos.
Ubicada en Chile, esta instalación científica materializa un salto generacional en astronomía y busca desentrañar la enigmática naturaleza de la energía oscura, que representa el 70 % del contenido cósmico.
En la cima de una montaña de cielos oscuros, el observatorio Rubin inicia lo que sus científicos consideran una nueva era para la astronomía gracias a su capacidad para producir imágenes ultra amplias y profundas, con una resolución de 3.200 megapíxeles.
El aparato incorpora la cámara óptica más grande jamás construida: cada toma cubre el área equivalente a cuarenta lunas llenas y ofrece una precisión tal que permite identificar desde 24 kilómetros de distancia el tipo de una pequeña fruta.
La contribución inicial del telescopio, ya visible en las primeras imágenes de prueba presentadas el año pasado, reveló varios descubrimientos: un enjambre de asteroides no detectados previamente, estrellas variables en la Vía Láctea e imágenes a gran profundidad de grupos de galaxias.

Este despliegue tecnológico permite que, desde esta semana, Rubin publique cada noche cientos de miles de objetos celestes variables, exponiendo en tiempo real el carácter dinámico del universo.
El Estudio Legado del Espacio y el Tiempo, eje exclusivo de la labor de Rubin durante la próxima década, busca resolver interrogantes fundamentales que la física convencional no ha logrado reproducir en la Tierra. El análisis sistemático del cielo austral brindará a los alrededor de cien mil millones de estrellas de nuestra galaxia y a los cuerpos menores del sistema solar una visibilidad inédita en la historia científica.
Una de las cifras clave de este proyecto es la velocidad y volumen de información generada: el telescopio Rubin entregará diez terabytes de datos cada noche, produciendo más información en un solo año que todos los observatorios ópticos anteriores en conjunto.
El catálogo de objetos celestes alcanzará una magnitud inédita. En nuestro sistema solar, los científicos estiman, Rubin identificará cerca de 6 millones de asteroides. Pasando a la escala de la galaxia, la base de datos resultante reunirá imágenes y registros de 17 mil millones de estrellas. El objetivo final se extiende a la esfera extragaláctica: el repertorio comprenderá 20 mil millones de galaxias, con la misma porción del cielo fotografiada hasta 100 veces al año.

Dentro de esos datos, los investigadores esperan dilucidar, entre otras cuestiones, la composición y comportamiento de la materia oscura y la energía oscura. Cuantificar la aceleración cósmica representa un cambio radical, pues, según recientes observaciones, la expansión del universo podría estar variando en el tiempo. Confirmar o refutar este proceso delimitará las teorías que buscan explicar la causa de esa expansión, atribuida en un 70 % a la energía oscura cuya naturaleza sigue sin explicación.
El nivel de datos forzará una transformación en la infraestructura tecnológica. Cada noche, durante diez años, se prevé el análisis automático de hasta diez millones de detecciones. Procesar ese volumen demandará inteligencia artificial y computación distribuida, recursos diseñados para examinar, clasificar y compartir la información en cuestión de minutos.
El proceso de selección y priorización de fenómenos cósmicos en este escenario masivo requiere una estrategia particular. El telescopio Rubin ha establecido siete agentes comunitarios, operados por equipos internacionales que funcionan como intermediarios entre el flujo de datos, el análisis rápido y la difusión al público.

Entre estos agentes destaca Fink, un consorcio integrado por centenares de científicos y especialistas en ingeniería de múltiples países, dedicado a identificar en tiempo real los fenómenos más relevantes. Fink utiliza tecnologías de última generación para responder al desafío de procesar entre miles y millones de eventos celestes en intervalos de apenas minutos. Esta infraestructura, parecida en diseño a las redes de computación de servicios en la nube, transforma la experiencia en astronomía de datos.
Los datos procesados por Fink, como los del resto de los agentes comunitarios, están abiertos a la consulta pública en línea, a través de portales especialmente desarrollados.
Una dimensión singular del proyecto Rubin es la invitación a la colaboración ciudadana a gran escala. Cualquier persona puede participar activamente en el análisis de imágenes y destellos cósmicos desde su casa.
La primera luz del telescopio puede explorarse desde ahora mediante aplicaciones especializadas. Herramientas como SkyViewer permiten examinar imágenes profundas, mientras que Orbitviewer facilita el seguimiento de asteroides recién detectados. Además, dos plataformas específicas involucran a la comunidad: Detectives de Diferencias Rubin ofrece la posibilidad de ayudar a identificar variaciones entre imágenes del cielo, y Atrapacometas Rubin habilita la participación en la detección de nuevos cometas en los registros astronómicos.
Estas iniciativas de ciencia ciudadana forman parte de la estrategia de apertura de datos de los agentes comunitarios; el portal de Fink permite a usuarios públicos acceder a las últimas detecciones de Rubin minutos después de la observación. Aunque el formato inicial de los datos puede no ser tan espectacular como las imágenes tradicionales, su riqueza científica reside en la cantidad y exhaustividad, proporcionando acceso directo al proceso de descubrimiento.
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