
Viajar al espacio puede considerarse una aventura increíble y tentadora. Pero no cualquier persona está en condiciones físicas y mentales para afrontar ese desafío.
El espacio es un lugar donde el ser humano no puede sobrevivir y necesita todo el tiempo soportes de vida externos que le provean oxígeno y protección contra la radiación solar.
Toda esta situación, aumentada por el empuje de los cohetes necesario para romper la ley de gravedad y salir de nuestro planeta, genera altos niveles de estrés en el organismo, sumado al trabajo diario de un astronauta y cualquier situación de riesgo que puede surgir a 400 kilómetros de la Tierra, en la Estación Espacial Internacional.

Ahora, en tren de detectar a los mejores candidatos, un importante estudio sobre el impacto de los vuelos espaciales sugiere que también habría que fijarse el sexo de los mismos. En ese sentido, las mujeres pueden ser más resistentes que los hombres al estrés del espacio y recuperarse más rápidamente cuando regresan a la Tierra.
Los hallazgos son preliminares, sobre todo porque se han estudiado muy pocas mujeres astronautas, pero si se confirma la tendencia, podría resultar importante para los programas de recuperación de astronautas y la selección de tripulaciones para futuras misiones a la Luna y más allá.
“Los hombres parecen verse más afectados por los vuelos espaciales en casi todos los tipos de células y métricas”, explicaron los científicos en un artículo de Nature Communications que examina los efectos de los viajes espaciales en el sistema inmunológico humano.

Christopher Mason, profesor de fisiología en Weill Cornell Medicine en Nueva York, junto a su equipo de investigadores examinó cómo reaccionó el sistema inmunológico a los vuelos espaciales en dos hombres y dos mujeres que volaron alrededor de la Tierra como civiles en la misión SpaceX Inspiration4 en 2021 y comparó los hallazgos con datos de otros 64 astronautas.
La investigación demostró que la actividad genética estaba más alterada en los hombres que en las mujeres y tardaba más en volver a la normalidad en los hombres una vez de regreso a tierra firme. Una proteína afectada fue el fibrinógeno, que es crucial para la coagulación de la sangre.
“Los datos agregados hasta ahora indican que la respuesta inmune y reguladora genética a los vuelos espaciales es más sensible en los hombres. Se necesitarán más estudios para confirmar estas tendencias, pero tales resultados pueden tener implicaciones para los tiempos de recuperación y posiblemente para la selección de la tripulación, por ejemplo más mujeres, para misiones a gran altitud, lunares y al espacio profundo”, explicaron los expertos en el trabajo.

Si bien no está claro por qué las mujeres podrían ser más resistentes a los vuelos espaciales que los hombres, Mason precisó que poder hacer frente a las exigencias del embarazo podría ayudar.
“Ser capaz de tolerar grandes cambios en la fisiología y la dinámica de fluidos puede ser excelente para poder controlar el embarazo, pero también para controlar el estrés de los vuelos espaciales a un nivel fisiológico”, remarcó.
Las muestras de la tripulación de la misión Inspiration4 y otros astronautas que pasaron seis meses o un año en la Estación Espacial Internacional fueron objeto de estudio profundo y estas mediciones sientan las bases para una base de datos de biología espacial que se utilizará para reducir los riesgos para la salud de los futuros astronautas con destino a la Luna, la órbita lunar y potencialmente incluso a Marte.

La NASA quiere llevar humanos alrededor del planeta rojo ya en la década de 2030, pero otro estudio publicado en Nature Communications plantea serias dudas sobre la seguridad de una misión espacial tan larga y profunda.
El equipo internacional, dirigido por investigadores del University College de Londres, expuso ratones a rayos cósmicos galácticos (GCR) simulados y descubrió que la dosis que los humanos podrían encontrar en un viaje de ida y vuelta a Marte podría causar daño renal permanente, y los astronautas podrían necesitar diálisis en tramo de vuelta si no estaban protegidos de los rayos cósmicos.

“Los riñones eran extremadamente sensibles a la radiación, pero que el daño permanente puede no ser evidente hasta meses después de la exposición. La radiación parece dañar las mitocondrias, las pequeñas centrales eléctricas dentro de las células, lo que en última instancia podría contribuir a la insuficiencia renal”, sostuvo Keith Siew, investigador en medicina renal de la UCL.
“Es probable que sea un problema grave”, afirmó Stephen Walsh, profesor de nefrología en la UCL y autor principal del estudio. Un problema con los GCR es que el blindaje puede empeorar las cosas, porque los rayos entrantes son tan energéticos que producen radiación secundaria que también daña a los astronautas. “Es muy difícil ver cómo todo esto va a estar bien”, concluyó.
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