
Las hormigas invasoras, como la hormiga argentina, representan una grave amenaza económica y ecológica. A pesar de los avances en las técnicas de cebo, el manejo eficaz de sus poblaciones establecidas aún es un desafío abrumador que a menudo termina en un fracaso. Las colonias emplean inmunidad conductual contra los patógenos, una situación que plantea una incógnita: ¿las hormigas pueden responder colectivamente a los cebos tóxicos?
Económicamente costosas y ecológicamente devastadoras, han dejado a la mayoría de los intentos de erradicación en el fracaso. Ahora, investigadores de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de Ratisbona han descubierto que estas hormigas pueden evadir el método de control más ecológico y eficaz que tenemos (cebos tóxicos) al abandonarlas rápidamente antes de que puedan matarlas. El artículo con sus conclusiones se publicó en la revista Communications Biology.
Lo cierto es que los costos que insumen las hormigas invasoras son asombrosos: un estudio reciente los estima en 52 mil millones de dólares. Sin embargo, la carga ecológica de las invasiones de hormigas es quizás peor. Esta especie expulsa a las hormigas nativas, desestabilizando los ecosistemas y amenazando de extinción a vertebrados como las aves marinas. Pese a los esfuerzos de control, dos tercios de los intentos de erradicación han fracasado.
“Llevo años luchando contra las plagas de hormigas”, afirmó en un comunicado de prensa Roxana Josens, que dirigió el estudio y pertenece al Laboratorio de Insectos Sociales del Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental perteneciente Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires-. Puse cebos tóxicos para matar a las hormigas, y desaparecieron, pero sólo donde estaban los venenos. Las hormigas justo al otro lado de la pared de él todavía estaban vivas. Así que me pregunté: ¿realmente las estoy matando o las hormigas nos están engañando?”

Una lucha desigual
Para probar esta afirmación, los investigadores dejaron que las hormigas argentinas, una de las especies que más fue estudiada por este tipo de comportamiento, se alimentaran de dos fuentes de alimento distintas. A éstas, se sumaron más hormigas, hasta alcanzar a cientos de ellas. Luego, se cambió una de las fuentes de alimento por otra idéntica que contenía una toxina de insecto, que las hormigas, sin embargo, están encantadas en comer.
En cuestión de horas, el número de hormigas en el alimento envenenado comenzó a disminuir, hasta que en seis horas solo quedaba el 20%. Sin embargo, el número de hormigas que consumían la comida no envenenada seguía siendo elevado.
“Es muy poco probable que esta disminución en la alimentación de las hormigas se deba a que estaban muriendo -indicó Daniel Zanola, quien dirigió el experimento y pertenece al mismo departamento argentino-. En el laboratorio, dejamos que las hormigas bebieran este alimento tóxico y las observamos atentamente; muy pocas murieron en seis horas”.
Los insectos tampoco se estaban saciando. Otros estudios demostraron que las hormigas no rechazan el alimento tóxico por su sabor. De alguna manera, lo identificaban como venenoso y lo abandonaban selectivamente, evadiendo así los efectos nocivos.

“Esto es muy importante -indicó Tomer Czaczkes, coautor del estudio y miembro del Laboratorio de Economía Comparada Animal de la Facultad de Biología y Medicina Preclínica de la Universidad de Ratisbona en Alemania-. En primer lugar, esto podría explicar por qué no logramos controlarlas”.
Pero las cosas podrían ser peores que eso. “Esta reducción del 80% que vemos es muy similar a muchas de las reducciones reportadas para esfuerzos de controles ‘exitosos. Pero, ¿estos esfuerzos realmente mataron a las hormigas, o fueron evadidos? Simplemente no lo sabemos. Supongo que fue una mezcla de ambos”, continuó Czaczkes.
“Recientemente, varios investigadores han descubierto que las hormigas tienen formas inteligentes de defenderse de enemigos naturales y patógenos -indicó Josens-. Parece que también podrían estar desplegando su inmunidad social para defenderse de nuestros cebos”. Ahora, el equipo está trabajando arduamente para determinar exactamente cómo las hormigas detectan y coordinan su defensa.
*La información contenida en este artículo periodístico se desprende de la investigación denominada “Las hormigas eluden los alimentos nocivos mediante el abandono activo”, publicada publicado en la revista Communications Biology. Además del comunicado de prensa emitido por la Universidad de Ratisbona.
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