
La presencia de los plásticos en diminutas partículas ya cubren todo el planeta. Las remotas islas ecuatorianas que asombraron a Darwin exponen también esa realidad.
Los modelos científicos muestran cómo los microplásticos pueden bioacumularse en la red alimentaria de las Islas Galápagos, siendo sus pingüinos los más afectados. Así lo revela un estudio que acaba de ser publicado en la revista de acceso abierto PLOS ONE por un equipo de trabajo del Instituto para el Océano y la Pesca de la Universidad de Columbia Británica, Canadá.
Sabemos que los microplásticos se están acumulando en nuestros océanos, pero aún se está evaluando el alcance del daño a los organismos marinos. Aquí, el equipo de científicos se centró en el pingüino de Galápagos (Spheniscus mendiculus), en peligro de extinción, como especie indicadora para rastrear la bioacumulación de microplásticos y su posible biomagnificación (un concepto común en ecología que describe cómo los contaminantes tóxicos se concentran y amplifican aún más con cada nivel trófico de la red alimentaria integrada por depredadores) a través de la red alimentaria única, bastante simple y aislada de las Islas Galápagos de la Reserva Marina del archipiélago.

Para simular el movimiento de microplásticos a través de la red alimentaria de los pingüinos de Galápagos, los autores utilizaron datos recopilados en octubre de 2021 del agua de mar alrededor de la isla Santa Cruz, una de las poblada por humanos con entornos urbanizados y rurales, y algunas islas que albergan colonias de pingüinos, zooplancton, presas de pingüinos (barracuda, sardina, arenque, salema y anchoa) y excrementos de pingüino para alimentar a dos modelos.
Construyeron uno centrado específicamente en el pingüino de Galápagos y su dieta y aprovecharon otro existente del ecosistema más amplio del Canal Bolívar (ubicado entre las islas Fernandina e Isabela), del cual forman parte las islas Galápagos.
Nuevos hallazgos
Ambos modelos mostraron un rápido aumento en la acumulación de microplásticos y la contaminación entre organismos hasta aproximadamente el quinto año de vida del organismo, momento en el que la tasa de absorción cambió a un aumento gradual y eventualmente a una meseta.

El pingüino de Galápagos mostró el nivel más alto de microplásticos por biomasa, seguido por la barracuda, la anchoa, la sardina, el arenque y el salema y el zooplancton depredador (en el modelo de ecosistema, mostró concentraciones más altas de microplásticos que el salema).
El modelo de ecosistema también predijo la biomagnificación de los microplásticos en todas las relaciones depredador-presa, siendo la tasa de excreción de los organismos el factor más significativo para afectar la tasa de acumulación neta.
Aunque todavía se debate si los microplásticos realmente se bioacumulan dentro de las redes alimentarias, y se requiere mucha más investigación de campo, los autores señalan que su estudio señala la tasa de excreción/eliminación como una clave en la que centrarse en trabajos futuros.
Las predicciones del modelo resaltan una brecha de conocimiento clave en la ciencia de los microplásticos, específicamente el comportamiento de acumulación y el tiempo de su residencia en el intestino.

Dado que se están convirtiendo en un importante contaminante de los océanos y entran al medio ambiente todos los días, existe una creciente preocupación por la fauna marina y costera. Para comprender los efectos en la vida silvestre y las redes alimentarias, las investigaciones futuras deben abordar cómo se comportan estos plásticos diversos después de la ingestión.
El hallazgo de microplásticos en el pingüino de Galápagos, peces presa y plancton que forman parte de su red trófica, es sin duda preocupante porque muestra la globalización de esta amenaza antropogénica emergente para la conservación de Galápagos, demostrando que los microplásticos pueden llegar a áreas aisladas y protegidas, como ese archipiélago, a lo largo de miles de kilómetros. La contaminación plástica también puede afectar la salud pública de los residentes humanos que habitan las islas. Como amenaza global a los ecosistemas, se requieren soluciones globales para resolverla.
Haber demostrado el potencial de bioacumulación y biomagnificación de los microplásticos en la red alimentaria de los pingüinos de Galápagos alerta sobre el potencial que tienen estas micropartículas para ingresar y potencialmente ejercer efectos adversos en la biota endémica y única de Galápagos.

Por ello, los científicos convocan a generar conciencia, acciones y políticas públicas que permitan proteger y conservar la fauna endémica y nativa de las islas.
El objetivo final de este trabajo fue proporcionar ciencia y datos para apoyar la gestión de riesgos de los residuos plásticos peligrosos, reducir las emisiones de microplásticos en los océanos y en sitios marinos remotos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, como las Islas Galápagos, e informar Política marina local e internacional para conservar especies de aves marinas endémicas y en peligro de extinción de la Reserva Marina de la zona.
*Karly McMullen, primera autora y correspondiente, recién graduada de maestría en el Instituto de Océanos y Pesca de la Universidad de Columbia Británica. Juan José Álava, autor principal y correspondiente, investigador asociado honorario e investigador principal de la Unidad de Investigación de la Contaminación Oceánica del Instituto de Océanos y Pesca de la Universidad de Columbia Británica. La información contenida en este estudio denominado “Modelado del potencial de bioacumulación y biomagnificación de microplásticos en el ecosistema de pingüinos de Galápagos utilizando Ecopath y Ecosim (EwE) con Ecotracer”, fue publicado en la revista PLOS ONE. Son también autores: Félix Hernán Vargas, Paola Calle, Omar Alavarado-Cadena, y Evgeny A. PakhomovQue además fue publicado en un comunicado de prensa de la Universidad de Columbia Británica.
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