
El impacto del COVID-19 y otras epidemias contemporáneas en la salud humana ha puesto de relieve la necesidad de comprender mejor las tendencias en la propagación de enfermedades infecciosas. Los patógenos virales zoonóticos causan la mayoría de las epidemias modernas cuando pasan de la vida silvestre o los animales domesticados a las personas a través de la caza, la invasión de hábitat y la ganadería intensiva, entre otras actividades.
Se prevé que el cambio climático y otras formas de cambio ambiental antropogénico aumentarán la frecuencia de los eventos zoonóticos de contagio, mientras que el aumento de la densidad de población humana y la conectividad facilitan la propagación de los brotes que ocurren. Ahora, una nueva investigación publicada en la revista BMJ Global Health y a cargo de un equipo de Ginkgo Bioworks en California, Estados Unidos, asegura que las tendencias históricas demuestran un patrón de eventos de contagio cada vez más frecuentes y graves de virus zoonóticos de altas consecuencias y que si se mantienen, en conjunto las matarán 12 veces más personas en 2050 que en 2020.
Las epidemias zoonóticas en general se han vuelto más grandes y más frecuentes en los últimos 60 años. Cuatro tipos de infecciones transmitidas de animales a humanos han estado aumentando a un ritmo exponencial, en medio de un patrón general de epidemias cada vez más grandes y frecuentes, según un análisis de 60 años de datos epidemiológicos históricos.

Se prevé que los cambios climáticos y de uso de la tierra impulsen la frecuencia de los eventos de desbordamiento, facilitados por la densidad de población y la conectividad, explican los investigadores en su documento. “Las infecciones de animales a humanos han sido la causa de la mayoría de las epidemias modernas —explicó Amanda Jean Meadows, una de las autoras principales del análisis—. Pero las implicaciones para la salud global futura son difíciles de caracterizar, dada la escasez de datos históricos sobre la frecuencia anual y la gravedad de los derrames zoonóticos a lo largo del tiempo”.
Para entender este proceso y obtener mejores precisiones, recurrieron a su propia base de datos epidemiológica para buscar tendencias en eventos de contagio que pudieran arrojar luz sobre patrones futuros esperados.
Esta base de datos se originó en una amplia gama de fuentes oficiales. Cubre las epidemias reportadas por la Organización Mundial de la Salud en forma de informes de Disease Outbreak News (WHO DON); brotes causados por un patógeno viral que mató a 50 o más personas; y brotes históricamente significativos, como las pandemias de gripe de 1918 y 1957.
Los investigadores se centraron en los filovirus (Ébola, Marburg), el coronavirus SARS 1, el Nipah y el Machupo, que causa la fiebre hemorrágica boliviana, debido a su potencial de representar un riesgo significativo para la salud pública y la estabilidad económica o política. Examinaron más de 3.150 brotes y epidemias entre 1963 y 2019 para analizar las tendencias temporales en el número de brotes y muertes asociadas causadas por estos patógenos virales. Identificaron un total de 75 eventos de contagio que ocurrieron en 24 países durante este período. Los que provocaron un total de 17.232 muertes, de las cuales 15.771 en 40 brotes, principalmente en África, fueron causadas por filovirus.

Su análisis, que excluyó la pandemia de COVID-19, muestra que el número de eventos de contagio y muertes reportadas atribuibles a estos cuatro grupos de virus han aumentado entre un 5% y un 9%, respectivamente, cada año entre 1963 y 2019.
“Si estas tasas anuales de aumento continúan, esperaríamos que los patógenos analizados causaran cuatro veces más eventos de contagio y 12 veces más muertes en 2050 que en 2020 —estimó la especialista—. Es probable que estas cifras sean una subestimación, debido a los estrictos criterios de inclusión de los patógenos en el análisis, que efectivamente descartaron el impacto de los avances en la vigilancia y detección durante el período de estudio; y la exclusión de la actual pandemia de COVID-19. Nuestra evaluación de la evidencia histórica sugiere que la serie de epidemias recientes provocadas por derrames zoonóticos no son una aberración o un grupo aleatorio, sino que siguen una tendencia de varias décadas en la que las epidemias impulsadas por derrames se han vuelto más grandes y más frecuentes”.
El paquete definitivo de medidas para apoyar la prevención, la preparación y la resiliencia a nivel mundial aún no está claro. “Sin embargo, lo que sí sabemos a partir de las tendencias históricas es que se necesitan medidas urgentes para abordar un riesgo grande y creciente para la salud mundial”, concluyó Meadows.
*La información contenida en este artículo periodístico se desprende de la investigación denominada “Las tendencias históricas demuestran un patrón de propagación cada vez más frecuente y grave de virus zoonóticos de altas consecuencias”, publicada en la revista BMJ Global Health, de la que forman parte: Amanda Jean Meadows, Nicole Stephenson, Nita K. Madhav, y Ben Oppenheim
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