
En el intestino, la microbiota contribuye a dos funciones principales, nutrición y defensa. Existe un alto potencial de intercambio entre la microbiota y el sistema inmunitario, ya que del 70 al 80% de las células inmunitarias residen en el intestino.
Por ese motivo, el intestino juega un papel indispensable en el desarrollo y mantenimiento del equilibrio inmunitario y las interacciones entre las comunidades microbianas son esenciales en la maduración del sistema inmunitario en los primeros años de nuestra vida.
En esa línea, una nueva investigación vino a demostrar que la exposición a la contaminación del aire en los primeros seis meses de vida afecta el mundo interior de las bacterias intestinales o microbioma de un niño de maneras tales que podrían aumentar el riesgo de alergias, obesidad y diabetes, e incluso influir en el desarrollo del cerebro.
El estudio de la Universidad de Colorado en Boulder, cuyos resultados fueron publicados en la revista Gut Microbes es el primero en mostrar un vínculo entre los contaminantes inhalados, como los del tránsito, los incendios forestales y la industria, y los cambios en la salud microbiana infantil durante esta ventana crítica de desarrollo.
Investigaciones anteriores realizadas por el mismo grupo habían encontrado resultados similares en adultos jóvenes.

Tanya Alderete es profesora asistente de Fisiología Integrativa de la Universidad de Colorado y la autora principal del estudio y destacó: “Este estudio se suma al creciente cuerpo de literatura que muestra que la exposición a la contaminación del aire, incluso durante la infancia, puede alterar el microbioma intestinal, con implicaciones importantes para el crecimiento y el desarrollo”.
La literatura disponible en la materia da cuenta de que al nacer, un bebé alberga pequeñas bacterias residentes. Durante los primeros dos o tres años de vida, la exposición a la leche materna, los alimentos sólidos, los antibióticos y otras influencias ambientales dan forma a los microorganismos que se establecen. Esos microbios y los metabolitos o subproductos que producen cuando descomponen los alimentos o las sustancias químicas en el intestino influyen en una gran cantidad de sistemas corporales que dan forma al apetito, la sensibilidad a la insulina, la inmunidad, el estado de ánimo y la cognición. Si bien muchas son beneficiosas, algunas composiciones de microbioma se han asociado con la enfermedad de Chrohn, el asma, la diabetes tipo 2 y otras enfermedades crónicas.
“El microbioma juega un papel en casi todos los procesos fisiológicos del cuerpo, y el ambiente que se desarrolla en esos primeros años de vida se queda contigo”, dijo el primer autor del trabajo, Maximilian Bailey, quien se graduó con una maestría en Fisiología Integrativa y es ahora estudiante de medicina en la Universidad de Stanford.
La inflamación, la culpable de todos los males

Para el estudio, los investigadores obtuvieron muestras fecales de 103 bebés latinos sanos, principalmente amamantados, inscritos en el Estudio de leche materna del sur de California y usaron secuenciación genética para analizarlos.
Utilizando sus direcciones postales y datos del Sistema de Calidad del Aire de la Agencia de Protección Ambiental de los EEUU, que registra datos por hora de los sistemas de monitoreo, calcularon la exposición a PM2.5 y PM10 (partículas finas inhalables de cosas como fábricas, incendios forestales y sitios de construcción) y dióxido de nitrógeno (NO 2), un gas emitido en gran parte por los automóviles.
Alderete destacó que “en general, la exposición a la contaminación del aire ambiental se asoció con un perfil microbiano intestinal más inflamatorio, lo que puede contribuir a una gran cantidad de resultados adversos para la salud en el futuro”.
En un estudio anterior, Alderete había descubierto que las mujeres latinas embarazadas expuestas a niveles más altos de contaminación del aire durante el embarazo tienen bebés que crecen inusualmente rápido en el primer mes después del nacimiento, lo que los pone en riesgo de obesidad y enfermedades relacionadas más adelante en la vida.
“Esto hace que la vida temprana sea una ventana crítica en la que la exposición a la contaminación del aire puede tener efectos de salud desproporcionadamente nocivos”, señalaron los investigadores.

Para Alderete, sus hallazgos “resaltan la importancia de abordar el impacto de la contaminación en las comunidades desfavorecidas y apuntan a pasos adicionales que todas las familias pueden tomar para proteger su salud”.
Mientras la ciencia da curso a más investigaciones para determinar si los cambios en el intestino en la infancia tienen impactos duraderos y cuáles son, Alderete aconsejó seguir una serie de consejos para reducir su exposición a los contaminantes tanto interiores como exteriores:
- Evitar caminar al aire libre en zonas de mucho tráfico
- Considerar un sistema de filtración de aire de bajo costo, especialmente para las habitaciones en las que los niños pasan mucho tiempo
- Al cocinar, abrir las ventanas
- Amamantar durante el mayor tiempo posible
“La leche materna es una forma fantástica de desarrollar un microbioma saludable y puede ayudar a compensar algunos de los efectos adversos de las exposiciones ambientales”, concluyó Alderete.
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