
La viruela del mono, o “ortopoxvirosis simia”, es una enfermedad endémica en África hace 50 años, pero su aparición en otros países, en medio de la pandemia de COVID-19, puso en alerta a las autoridades sanitarias de todo el mundo.
En el verano europeo los nuevos casos no dejan de aumentar, y si bien no se trata de una infección de transmisión sexual (ITS), el modo de contagio o propagación es principalmente el contacto estrecho en las relaciones sexuales de riesgo sin protección, lo que dificulta a los especialistas la detección de los llamados “contactos estrechos” para un mejor control de los brotes.
En España, puntualmente, desde que se detectaron los primeros casos en Madrid, los especialistas diagnostican un mínimo de dos o tres nuevos cada día. “Estamos preocupados porque no hay un freno en el número de casos y se une la desinhibición con la despreocupación y no se ponen medidas preventivas”, destacó en una entrevista con el diario El Mundo el jefe de Dermatología del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, Pablo Ortiz.
En tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) pidió que se extremen las precauciones en plena época estival en el hemisferio norte.
“Creo que se está minimizando el impacto. Los mismos infectados muchas veces no completan los cuestionarios de contactos -destacó el especialista-. Y así es muy complicado hacer la trazabilidad de nuevos casos. Se ha extendido la creencia de que esto es leve, porque, de momento es así, no hay muertes, ni hospitalizaciones graves. Se ha asumido que hay un tratamiento, que se pasa en unos diez días y listo. Y no nos damos cuenta de que, a más casos, más riesgo de que se den complicaciones y sobre todo en vulnerables”.

Así las cosas, una de las herramientas para frenar el contagio es el empleo de las vacunas en determinados contactos de riesgo. Y si bien no existe una vacuna específica contra esta enfermedad, “las vacunas contra la viruela humana demuestran una efectividad del 85% contra la viruela símica” y algunos países comenzaron a aplicar la estrategia denominada “vacunación en anillo”, es decir que tras detectar un caso sospechoso, se realiza un rastreo estricto de los contactos.
“Hay protocolos que marcan cómo debe ser su uso y lo cierto es que nos ayudaría mucho que los pacientes identificaran los contactos de riesgo para poder emplearlas en el menor tiempo posible. Porque si no, no se pueden emplear”, aseguró Ortiz, quien destacó, además, que “en la población en la que se está detectando más, es la integrada por hombres que tienen sexo con hombres (HSH) es complicado”.
Sin embargo, la OMS aún no declara la situación una emergencia de salud pública. Para Ortiz, “no es como el COVID, pero sí que se debe estar atento porque la levedad de los casos actuales no debe hacer que la gente se confíe. La cepa que circula parece que se transmite con facilidad entre humanos”.
Consultado por el diario español sobre si el hecho de que se concentren los casos en una franja de edad, entre los 30 y 40, puede ser porque los mayores tengan protección de la vacuna de la viruela que les pusieron en la infancia, el especialista consideró que “lo cierto es que es algo que no se ha podido verificar de forma objetiva. Pero sí hay trabajos que apuntan a un recuerdo inmunológico que sirve para proteger contra este virus, hasta un 85%. También es cierto que la mayoría de los contagios se deben a prácticas de riesgo en este grupo de población. Es un patrón que comparten todos los países”.
Recomendaciones para la población

La viruela símica se transmite de una persona a otra por contacto cercano con lesiones, partículas respiratorias y materiales contaminados, como la ropa de cama. En el actual brote en distintos países no endémicos, los cuadros clínicos son leves y la mayoría presenta –de la misma manera que los seis casos detectados hasta ahora en Argentina– lesiones en diferentes partes del cuerpo, incluyendo genitales o el área perigenital, lo que indica que la transmisión probablemente ocurra a través del contacto físico durante actividades sexuales.
Los síntomas más frecuentes son fiebre, dolor de cabeza, muscular o de espalda, inflamación de ganglios y cansancio. Entre uno y cinco días posteriores se agrega erupción en la piel, que pasa por distintos estadios hasta formar una costra que luego se cae. Las personas infectadas contagian hasta que se hayan caído todas las costras.
Desde el Ministerio de Salud de la Nación informaron que “se está observando en los casos fuera del continente africano que la presentación puede ser atípica ya sea con una o pocas lesiones, e incluso se han notificado casos con ausencia de ellas; lesiones que comienzan en el área genital o perineal/perianal y no se extienden más; lesiones que aparecen en diferentes etapas (asincrónicas) de desarrollo; y surgimiento de lesiones previas a la aparición de ganglios linfáticos inflamados, fiebre, malestar general u otros síntomas”.
Los modos de transmisión durante las relaciones sexuales siguen siendo desconocidos. Si bien se sabe que el contacto físico cercano puede conducir a la transmisión, no está claro aún qué papel juegan los fluidos corporales sexuales, incluidos el semen y los fluidos vaginales.
Las medidas de prevención incluyen evitar el contacto estrecho con casos confirmados y con personas que tengan síntomas compatibles.
Quienes presenten alguno de los síntomas descriptos deberán consultar de manera inmediata para ser evaluado por un profesional de la salud, utilizar barbijo adecuadamente colocado y evitar contactos estrechos con otras personas.
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