
Con la llegada del otoño, la rinitis dice presente. Este cuadro se define como una afección caracterizada por estornudos, prurito nasal, rinorrea y obstrucción o congestión nasal, lo que la convierte en un factor de riesgo para posibles complicaciones respiratorias.
La rinitis suele ser subestimada y considerada una enfermedad banal. Aun así, causa altos costos para quienes la padecen, tanto económicos como sociales, pues afecta su calidad de vida.
Se trata de la enfermedad alérgica más frecuente y una de las condiciones más habituales a nivel mundial, sobre todo en los países desarrollados. En la Argentina, 2 de cada 10 personas son alérgicas presentan esta sintomatología, que se vuelve tediosa.
En esta época del año, donde se comienzan a dejar atrás a los días de calor, la luz del sol es más tenue, las mañanas más frescas y oscurece más temprano, es cuando aparecen los síntomas. Esto ocurre también porque pasamos más tiempo en nuestros hogares, en contacto con los alérgenos como los ácaros y el polvo doméstico, ambos difíciles de erradicar.
Además de los síntomas mencionados, hay un rechazo a la luz solar, escurrimiento de secreción mucosa y viscosa que inflama e irrita a las fosas nasales. Esas mismas secreciones bajan por la parte posterior de la nariz, llegan a la faringe y puede aparecer dolor.
Cuando una persona con rinitis alérgica se duerme con la nariz tapada, respira por la boca; el moco que cae por la zona retronasal se estanca, la garganta se seca, el moco posterior inflama la faringe y aparece la halitosis (el mal aliento que sabe a moco). Claramente, esto afecta la calidad de vida.
foto nariz

Las personas que son alérgicas tienen en su historia familiar alguien que padece este cuadro u otros como rinosinusitis alérgica o antecedentes de asma con broncoespasmos a repetición. A la carga genética se le agrega el descontrol ambiental y los cambios de temperatura, sobre todo la variabilidad térmica diaria.
La rinitis alérgica es una reacción de hipersensibilidad inmediata en la que, ante la presencia de alérgenos (sustancias extrañas) los mastocitos, células del sistema inmunológico, liberan mediadores inflamatorios que precipitan la aparición de picor, estornudos y secreción nasal. Esta respuesta ocurre a los pocos minutos luego de la exposición al alérgeno y se llama reacción temprana.
Luego continúa la fase tardía: esta respuesta ocurre a las 4-5 horas después del contacto con el alérgeno. El síntoma principal es el bloqueo nasal, que tiene su pico entre las 6 y las 12 horas posteriores. En ocasiones, este bloqueo nasal va seguido a veces de cefaleas, trastornos en el sueño y respiración bucal; puede ir acompañado de disminución del olfato.
En el caso que los síntomas no sean controlados, su repetición agotará a quien los padece, que perderá la capacidad de concentración y tendrá alteraciones cognitivas, con bajo rendimiento escolar y laboral. La rinitis alérgica también impacta en la vida social: la persona se siente sola, malhumorada e incomprendida.
En general, quienes ya se saben alérgicos tienden a prevenir con tiempo estos síntomas. Pero el número de personas alérgicas va en aumento: según la Organización Mundial de la Salud, para el año 2050 la mitad de la población mundial será alérgica. Esto ocurre también por influencia del cambio climático, la alimentación y el estilo de vida.

La anamnesis (el interrogatorio clínico hecho por un especialista) y el examen clínico son fundamentales a la hora de realizar el diagnóstico de rinitis alérgica.
Tratamiento de la rinitis alérgica
- Educación del paciente: se recomienda no andar descalzo, contar siempre con un abrigo por si refresca y sonarse la nariz para mantenerla permeable (esto es muy importante sobre todo en los niños, que no saben sonarse solos la nariz).
- Limpieza del hogar: usar trapos húmedos, sacar los peluches de los ambientes, no utilizar desodorantes de ambiente o sahumerios, ya que pueden irritar una nariz ya inflamada.
- Tratamiento médico: el gold standard para el tratamiento de la rinitis alérgica son los antihistamínicos de segunda generación y los corticoides tópicos. También se pueden utilizar antileucotrienos y solución salina hipertónica.
En muchos casos, se comienza antes con la ingesta de vitamina C y, a veces, con inmunomoduladores. Como última instancia, se le ofrece al paciente inmunoterapia y tratamiento con vacunas en dosis crecientes según el resultado de la testificación.
Lo importante es siempre consultar al especialista para descartar otros cuadros que puedan causar síntomas similares.
* Dra. Stella Maris Cuevas (MN: 81701) es médica otorrinolaringóloga - Experta en olfato – Alergista. Expresidenta de la Asociación de Otorrinolaringología de la Ciudad de Buenos Aires (AOCBA)
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