Ya sea porque la urgencia del COVID-19 las pospuso o bien porque las ocultó, hay toda una serie de “pandemias” que los especialistas calificaron como “silentes”. Es decir que, como su nombre indica, ocurren sosegadamente y no se les presta la atención que merecen.
Se trata de situaciones médico sanitarias, que si bien se no representan en apariencia como urgencias, si se dilatan acabarán por convertirse en un problema -más- serio.
Especialistas consultados por Infobae coincidieron en destacar cuatro como las más relevantes.
1- Aumento de infecciones por bacterias multirresistentes
“Durante la pandemia por COVID se avanzó diez años en la aparición de gérmenes multirresistentes. Es decir que durante la pandemia ocurrió lo que se esperaba para alrededor de 2030″. Según analizó la médica infectóloga María Cecilia Niccodemi (MN 105624), “esto tiene que ver con la cantidad de personas en terapia intensiva, el tiempo de duración de las internaciones de los pacientes en ventilación mecánica, las dificultades en la higiene porque los pacientes estaban pronados y esto dificulta mucho las medidas generales de higiene, y la disminución del personal médico y de limpieza”.
Para la especialista del staff del Centro Médico Doctor Stamboulian y Sanatorio La Trinidad San Isidro, “todo esto generó la aparición de gérmenes multirresistentes y, por el momento, con escasa posibilidad de tratamiento con los medicamentos que hay disponibles en el país. Por eso es muy importante la vigilancia epidemiológica de cada una de las instituciones para determinar con qué tratamiento abordar a cada paciente que se infecta”.
Con ella coincidió el médico infectólogo Roberto Debbag (MN 60253), para quien “sin ninguna duda la resistencia antimicrobiana es considerada una pandemia y esto es basado en que hay una sobre indicación de tratamientos antibióticos por parte de los trabajadores de salud”. A esta situación, según el experto, se suma que “los pacientes no terminan los tratamientos o no los cumplen en tiempo y forma, lo que hace que recaigan en las infecciones y tenga que usarse otro antibiótico”, además del “sobreuso de antibióticos en la cría de animales, que impacta en la resistencia de antimicrobianos, antifúngicos y antivirales”.
En ese sentido, Niccodemi destacó que “esto tiene un impacto directo en la mortalidad de los pacientes, ya que a mayor resistencia antimicrobiana menos posibilidad de opciones terapéuticas existen”.
2- La salud mental del personal de salud
Para Debbag, “el estado de la salud mental del personal de la salud es una pandemia que ocurre como consecuencia directa del COVID”. “Diferentes estudios realizados dieron cuenta de que un tercio de los trabajadores de la salud, especialmente aquellos que estuvieron en la atención de los pacientes, como los terapistas y los emergentólogos, quedaron con secuelas como cansancio o trastornos del sueño, y un 20% sin intereses de realizar actividades que les daban placer”.
El presidente de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica (Slipe) argumentó que muchos de sus pares “han tenido un estrés agudo que se transformó en crónico y esto sin ninguna duda se va a ver reflejado en la atención de los pacientes a futuro, tanto en la disminución de médicos en las terapias o jóvenes que querrían ser intensivistas y seguramente ahora lo piensen, como también en el tipo de atención en la relación médico - paciente que habrá que reconstruirla”.
“Sería interesante conocer a ciencia cierta el estado de la salud mental del personal de salud, cómo está su agotamiento luego de tanto tiempo de trabajo ininterrumpido y de una gran demanda”, aportó por su parte el médico infectólogo y miembro de la Comisión de Vacunas de la Sociedad Argentina de Infectología (Sadi), Francisco Nacinovich (75.823).
En opinión de Niccodemi, “fueron dos años de trabajo con mucho estrés, mucha presión, con compañeros infectados, compañeros que fallecieron, compañeros ventilados, y sin ningún reconocimiento desde las instituciones, como tampoco económico”. Para la especialista, “todo generó un impacto negativo en la salud mental de médicos, enfermeros, kinesiólogos, y todo el personal que trabajó intensamente en la pandemia”.
3- La desatención de las otras enfermedades respiratorias
Casi como si las otras infecciones respiratorias hubieran desaparecido, durante los últimos dos años se priorizó a tal punto el COVID-19, que “en el hemisferio norte hace unas semanas se produjo un fenómeno que se llamó tres epidemias, causado por la prevalencia en simultáneo de infecciones de COVID-19 por la variante Ómicron, gripe y virus sincicial respiratorio”, señaló Debbag. Quien además señaló que “el problema de los virus respiratorios es la potencialidad de tener una nueva pandemia, ya sea por los virus relacionados con la gripe, los aviares o la familia de los coronavirus”.
“Actualmente, en el país hay circulación del virus de la influenza, lo cual tiene que ver con la reapertura de los viajes y la relajación de las medidas de cuidado; por lo que a las personas de riesgo nunca está de más recordarles la importancia de la vacunación antigripal ni bien esté disponible en el país y según la que recomiende cada médico; al igual que la de la neumonía en los grupos en que está recomendada”, apuntó Niccodemi.
En ese punto, Nacinovich reforzó: “Además de seguir promoviendo la vacunación contra el COVID, ahora que viene la época de vacunación antigripal creo que va a ser una buena estrategia para completar los esquemas COVID en aquellos que no lo hayan hecho”. “Asimismo, no sabemos cómo se va a comportar la gripe este invierno, pero sí sabemos que hubo casos de gripe en el verano -continuó-. Así que creo que vienen meses para ocuparnos de otras infecciones respiratorias, algunas de las cuales, por suerte, tienen vacuna”.
Y agregó: “Los últimos reportes a nivel regional indican que las coberturas de vacunación se vieron seriamente afectadas en Latinoamérica y Argentina durante la pandemia, y eso es un problema serio de salud pública porque hay más gente vulnerable a enfermedades que teníamos controladas”.
4- La disminución de los controles médicos y su impacto en la detección precoz de enfermedades
Según Nacinovich, “durante la pandemia la gente disminuyó los controles de sus enfermedades metabólicas, como la hipertensión o la diabetes, y todo eso aumentó la cantidad de personas con enfermedades no controladas que derivan en problemas coronarios y cerebrovasculares, entre otros”.
“Eso ocurrió principalmente durante el primer año de la pandemia, e hizo que personas con enfermedades crónicas abandonaran su seguimiento o tratamiento y pacientes que requerían controles lo hayan hecho más tardíamente -observó Niccodemi-. Por todo esto, llegaron al diagnóstico con enfermedades más avanzadas, lo que implica mayores dificultades en el tratamiento y la sobrevida”.
En la misma línea, Debbag aportó que “esto fundamentalmente se vio en algunos tipos de cáncer o en enfermedades cardiovasculares”. “Sin ninguna duda, el impacto fue mayor en la etapa de mayores restricciones por lo que hoy estamos viendo diagnósticos más tardíos -aseguró-. El problema adicional a esto es que los bajos controles médicos hace que el reinicio de la práctica por parte de los pacientes sea más tardío. Esta inercia en los chequeos que debieran ser de rutina impacta en la detección precoz de muchas patologías”.
La incógnita del long COVID: ¿una pandemia tras la pandemia?
“Los pacientes con COVID persistente más allá de la fase aguda de las primeras dos semanas es otra pata de la pandemia que no hay que desatender -opinó Nacinovich-. Estamos viendo muchos pacientes que quedan con secuelas, aún gente joven y sana, que tuvo cuadros leves de la infección”.
Para él, “cada vez hay más evidencias de las secuelas que deja este virus aun en los pacientes que no se hospitalizan. Esto no es un problema menor porque no se trata sólo de fatiga y decaimiento, sino que se trata también de trastornos cardiovasculares, pulmonares y endocrinológicos, entre otros”.
Se conoce que el llamado long COVID, también calificado como COVID prolongado o COVID persistente, es relativamente frecuente, aunque hay diferencias en los porcentajes de población que lo padece según las publicaciones. Por ejemplo, algunos trabajos aseguran que hasta tres de cada cuatro personas declaran al menos un síntoma seis meses después de recuperarse de la infección por COVID-19.
Y las manifestaciones pueden ir desde secuelas respiratorias, cardíacas, pasando por la molesta pérdida de olfato, hasta consecuencias neuropsiquiátricas.
El desafío es, entonces, cómo tratar una gama cada vez más amplia de síntomas que perduran en el tiempo.
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