
Mucho se ha dicho desde el inicio de la pandemia por COVID-19 sobre cómo las comorbilidades que padece un paciente influyen en el pronóstico que esa persona tendrá en caso de contraer una infección por SARS-CoV-2.
Sin embargo, poco se sabía acerca de lo que ocurre con aquellas muchas personas en las que coexisten varias patologías.
Es lo que realizó un grupo de investigadores españoles, sobre la base de datos de 16.455 pacientes del Registro clínico SEMI-COVID-19 de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI).
El estudio La importancia de la asociación de comorbilidades en los resultados de COVID-19: un enfoque de aprendizaje automático fue publicado en la revista científica Current Medical Research and Opinion y se trató de un trabajo multicéntrico y retrospectivo, que concluyó que “la interacción de varias comorbilidades puede afectar al resultado y complicaciones de pacientes hospitalizados con COVID-19″.
Tras analizar un total de 13 grupos de comorbilidades distintas en los mencionados pacientes hospitalizados por infección SARS-CoV-2 en España, el estudio demostró la mayor importancia de algunas patologías para establecer un peor pronóstico en pacientes COVID-19 hospitalizados, principalmente enfermedades de la esfera cardiovascular, neurodegenerativas u obesidad.
Del total de 16.455 pacientes COVID-19 hospitalizados y analizados en el estudio (reclutados entre el 1 de marzo y el 23 de noviembre de 2020), el 57,4% fueron hombres y el 42,6% mujeres, con una mediana de edad de 66,4 años. De la población total del estudio, 4.241 fallecieron o fueron ingresados en UCI; el resto, fueron dados de alta.
El estudio permitió definir un total de seis clústeres de pacientes, los tres primeros en el grupo de pacientes dados de alta y los tres últimos, en el grupo de fallecidos o que requirieron ingreso en UCI.

Así, el grupo número 1 incluyó 8.765 pacientes (44,1% mujeres), en el que las comorbilidades más significativas fueron asma, obesidad, apnea obstructiva del sueño y trastorno del pánico. Este grupo tenía una baja tasa de factores de riesgo cardiovascular (principalmente hipertensión) y los parámetros bioquímicos mostraron menos inflamación que los pacientes de otros grupos.
El grupo 2 incluyó 798 pacientes (el 44,9% mujeres) y las principales comorbilidades fueron infección por VIH, tumores hematológicos malignos, neoplasias sólidas malignas y trastornos reumáticos. Según los investigadores, “muy pocos pacientes en este grupo tenían enfermedad cardiovascular o factores de riesgo cardiovascular”.
En tanto el grupo 3 lo integraron 2.651 pacientes (el 46,4% mujeres) entre los que las principales comorbilidades fueron insuficiencia cardíaca y fibrilación auricular, varios factores de riesgo cardiovascular, enfermedades vasculares y enfermedades neurodegenerativas. Los pacientes de este grupo también tenían una tasa considerable de enfermedades reumáticas.
El grupo 4 estuvo formado por 3.557 pacientes (el 36,4% mujeres). Al igual que el grupo 3, las principales comorbilidades fueron factores de riesgo cardiovascular, enfermedades vasculares, insuficiencia cardíaca y fibrilación auricular y enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, a diferencia del grupo 3, también hubo una alta tasa de obesidad, apnea obstructiva del sueño, EPOC y depresión.
En el grupo 5, los 457 pacientes (el 38,1% mujeres) también presentaban diversas enfermedades vasculares, insuficiencia cardíaca y fibrilación auricular y EPOC. A diferencia de los grupos anteriores, predominaron los trastornos digestivos y la insuficiencia renal crónica.
Finalmente, en el grupo 6 los investigadores incluyeron 227 pacientes (37,9% mujeres), entre los que las principales comorbilidades fueron neoplasias hematológicas y enfermedades reumáticas. Algunos pacientes también tenían infección por VIH e insuficiencia cardíaca y fibrilación auricular.
Cuáles fueron las complicaciones y mortalidad en cada grupo

Tras el análisis de los datos, los investigadores vieron que, en general, los pacientes de los grupos 4, 5 y 6 eran mayores y tenían más comorbilidades (medidas por el índice Charlson). Asimismo, presentaban una mayor carga inflamatoria en las pruebas de laboratorio, así como más alteraciones en los datos relacionados con la coagulación.
La insuficiencia cardíaca fue más frecuente en los grupos 5 y 6 y el fallo respiratorio agudo en los 4 y 5. El grupo 5 tuvo la tasa más alta de enfermedad renal crónica y los 5 y 6 tuvieron la tasa más alta de coagulación intravascular diseminada. Por último, los trastornos trombóticos fueron más prevalentes en los grupos 2, 4 y 6, con más eventos debido a embolia pulmonar que a trombosis venosa profunda.
En lo que respecta a la mortalidad, el grupo 5 tuvo el peor resultado. Dado que los grupos 4, 5 y 6 incluyeron pacientes mayores que el resto, los investigadores los estratificaron según la edad. Los resultados se mantuvieron homogéneos para la muestra total.
A la luz de los hallazgos, la investigación muestra la importancia relativa de varias enfermedades en el pronóstico de los pacientes hospitalizados por COVID-19. Las comorbilidades más comunes relacionadas con el mal pronóstico en COVID-19 fueron las relacionadas con los factores de riesgo cardiovascular, así como la obesidad, las enfermedades respiratorias obstructivas, insuficiencia cardíaca y fibrilación auricular y las enfermedades neurodegenerativas, tal como lo reveló el algoritmo usado.
El estudio también mostró que el sexo masculino era predominante, principalmente en los grupos de mal pronóstico. Los investigadores apuntan aquí que “existen diferentes mecanismos potenciales que pueden explicar por qué las mujeres son menos propensas a infecciones graves por COVID-19, como la relación ACE/ACE2 y la regulación en hombres de la proteasa transmembrana serina 2″.
Curiosamente, el estudio “revela que la interdependencia de diferentes comorbilidades puede conllevar resultados de una manera diferente a como lo haría una sola comorbilidad por sí sola”.
Entre sus conclusiones, los autores resaltaron la mayor importancia de algunas enfermedades para establecer un peor pronóstico en los pacientes hospitalizados por COVID-19, como los relacionados con enfermedades cardiovasculares, obesidad o enfermedades neurodegenerativas. Pero también destacaron cómo la interacción entre varias comorbilidades y no la presencia de una sola de ellas, puede afectar los resultados y complicaciones de pacientes hospitalizados con COVID-19.
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