
Carmat, la compañía francesa que fabricó el primer corazón artificial funcional, anunció su intención de actualizar su diseño para remplazar de por vida a los órganos biológicos que no enfrenten dificultades en su funcionamiento.
“Creo que podríamos llegar al punto en el que podríamos decir honestamente a los pacientes que es tan probable que les vaya bien con una bomba mecánica como con un trasplante”, declaró Stephane Piat, director ejecutivo de la compañía en una entrevista con la CNN.
Las enfermedades cardíacas son la principal causa de muerte natural a nivel global y estadísticas muestran que alrededor de una de cada cinco personas que viven en países desarrollados sufrirá de alguna insuficiencia cardíaca a lo largo de su vida.

Ante el elevado número de enfermedades cardíacas y la insuficiente cantidad de transplantes para lidiar con ellas, Carmat, se propuso diseñar un “corazón artificial completo”: un dispositivo que le sirviera a las personas para mejorar su calidad de vida mientras encuentran un donante apto.
El dispositivo tiene una forma similar a la de un corazón humano y pesa 4 kilos. Cuenta con dos paquetes de baterías que le proporcionan cuatro horas de carga, tras lo cual se vuelve necesario conectarlo a una fuente de energía.
El dispositivo cuenta con sensores capaces de medir la presión arterial y, gracias a un algoritmo, puede controlar el flujo sanguíneo del paciente en tiempo real.
Además, las partes del corazón artificial que están en contacto con la sangre del paciente están hechas de material compatible con el cuerpo humano, lo que permite reducir el riesgo de reacciones adversas. Según sus fabricantes, una vez que se implanta quirúrgicamente en el paciente, no necesita mantenimiento.
“Funciona como un corazón humano, así que si el paciente camina, el flujo sanguíneo aumenta, y si el paciente está en reposo, el flujo sanguíneo es estable y bajo”, explicó Piat.
Carmat tardó 27 años en desarrollar el corazón artificial. Y si bien los actuales tienen una vida útil de 5 años, el objetivo de la compañía es lograr desarrollar un dispositivo que pueda ser usado por el paciente durante toda su vida. “La visión es que se utilice como (…) un dispositivo de por vida. Pero eso significa recopilar datos a más largo plazo, por lo que lleva más tiempo”, resaltó Piat.
Los actuales ya han sido aprobados en varios países de la Unión Europea y tendrán un costo de 160.000 euros. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos también se encuentra analizándolos.

Un objetivo de mediano plazo de la compañía es empezar a vender sus corazones en Alemania y haber fabricado por lo menos 20 para fin de año.
El modelo diseñado por Carmat no es perfecto y tampoco el único en ser desarrollado. Una de sus principales desventajas es que tiene un tamaño demasiado grande para la mayoría de las mujeres, aunque se adapta con relativa facilidad a la mayoría de los hombres.
Otros dispositivos similares tienen defectos propios. El corazón desarrollado por SynCardia, una empresa de Arizona (Estados Unidos) y el único que actualmente está en el mercado, no se adapta de forma autónoma a la actividad física del paciente -como lo hace el de Carmat- sino que tiene una frecuencia de latido fija.

Otra empresa francesa llamada CorWave también está derrollando un dispositivo similar, pero está enfocado en tratar personas con insuficiencias cardíacas menos graves ya que en vez de reemplazar completamente el corazón, ayuda a bombear sangre desde una de las cuatro cámaras del órgano.
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