
La mayoría de los chilenos no lo sabe pero los datos más sensibles sobre su vida corriente podrían estar próximamente muy comprometidos. Tampoco parecerían conocerlo empresarios. Los militares están al tanto pero prefieren mirar en otra dirección. De igual manera inadvertidos están los vecinos del país sudamericano. Pero lo cierto es que a partir de un convenio entre Chile y China, la información de decenas de millones de latinoamericanos podría ser procesada en un puñado de microsegundos en Beijing.
Es por la asociación China-Chile Express (CCE). Se trata de un proyecto para la instalación de un cable submarino de fibra óptica que unirá ambas naciones a través del Océano Pacífico. Valparaíso y Hong Kong serán los puntos de confluencia aunque poco se conoce sobre el avance del plan tecnológico. La transparencia no es un valor agregado en los negocios chinos.
No es apenas un eslabón más dentro del plan del régimen conducido por Xi Jinping para lograr influencia en sectores estratégicos de América Latina. También resultará en una puerta a información sensible de decenas de millones de usuarios de la región cuyos datos bancarios, de consumo, conversaciones privadas y demás detalles quedarían bajo control chino.
Pero no sólo esos datos se verían comprometidos. Documentos gubernamentales, militares, empresarios, de seguridad y de inteligencia pasarían igualmente por la matrix tecnológica que propone Beijing. Y el análisis de ese caudal informativo no sería un problema, según calculan en el régimen: la Inteligencia Artificial -con herramientas como DeepSeek- integrada al Ejército Popular de Liberación (EPL) facilitaría tareas que en otras épocas hubieran sido imposibles de procesar.
La falta de transparencia en el proyecto llama la atención y podría generar consecuencias económicas. La incertidumbre y la poca información respecto a lo que hace China podrían generar una carga regulatoria para las empresas chilenas que deseen utilizar el cable. ¿Tendrán que asumir costos extras esas empresas? ¿Cómo impactarán estos en los negocios? ¿Podría comprometer algún sector de la economía chilena que hoy es competitivo ante el mundo? ¿Chile dejará de ser un país seguro para los negocios?
Hay otro punto a tener en cuenta en el proyecto CCE y es la falta de calidad de sus emprendimientos estructurales. El régimen chino, en su afán por copar sectores estratégicos en América Latina, tiene un largo récord de graves fallas infraestructurales. Por nombrar sólo algunas: en Perú, el Puerto Chancay y su impacto en la erosión costera; en Ecuador, las grietas de la represa Coca Codo Sinclair -la más grande del país- que ponen en riesgo su funcionamiento y el medio ambiente; en Bolivia, la construcción de carreteras en pésimo estado que son reparadas una y otra vez y la explotación minera con gravísimo impacto ambiental; en Brasil, la deforestación para los agronegocios. La lista es interminable.
Pero además, China suele imponer cláusulas que limitan el control oficial de los países con los que se asocia. Un ejemplo claro es el de exploración espacial en la Patagonia argentina, donde el EPL instaló una base para, supuestamente, “ver las estrellas”. Esa estación de control de comunicaciones está conducida por personal militar chino. Autoridades argentinas no pueden ingresar para controlar la megaantena instalada en Bajada del Agrio, en la provincia de Neuquén. Las “estrellas” que se ven desde allí deben ser muy confidenciales.
Otro punto que aún no se informó y genera suspicacias: ¿Cómo fueron los procesos de licitación? ¿Hubo procesos de licitación? ¿Qué empresas se beneficiarían con el tendido? ¿Cuáles serán los costos? ¿Quién decidió esos beneficios? Hay una larga lista de hechos de corrupción vinculados al régimen chino al momento de hacer negocios con América Latina. Chile, hasta ahora, estaba fuera de ese radar de sospecha.
Los promotores del cable -como los funcionarios actuales- son entusiastas. Dicen que tendrá velocidades -supuestamente- de hasta 16 terabits por segundo y que su implementación se traduciría en un “salto cualitativo“ ofreciendo mayor velocidad, fiabilidad y reducción en los costos.
El gobierno y la embajada de China en Santiago guardan silencio. La administración de Gabriel Boric quiere que el tiempo pase: le quedan apenas 27 días de gestión. Si se cae el proyecto en el próximo gobierno él podrá decir que cumplió su parte con el Partido Comunista Chino.
Voces en contra
En Chile son pocos los que advirtieron que algo olía mal en el proyecto CCE, en el cual los nodos de transmisión serían controlados por China. Uno de los primeros en alzar la voz fue el senador por la Región de Magallanes, Alejando Kusanovic. “No ha existido una conducción institucional clara ni transparente y dudo que Cancillería haya tenido claro en este tema el interés nacional.Las decisiones se tomaron por impulsos presidenciales, sin lineamientos estables ni defensa coherente de lo que Chile necesita”, dijo.
Por su parte, el diputado republicano Hotuiti Teao dijo que el proyecto chino CCE "se vincula directamente con infraestructura crítica de telecomunicaciones y con decisiones que inciden en la proyección digital del país“. Y añadió: “Solicitamos que al retorno del receso legislativo (el próximo 2 de marzo), la Comisión de Defensa Nacional realice una sesión secreta para revisar los antecedentes del proyecto de cable submarino que conectaría Chile con Hong Kong”.
Kusanovic señaló que el próximo gobierno chileno debe actuar de inmediato: “Debe corregirlo con urgencia, y espero que en esto no se desmarque del interés nacional”, afirmó.
José Antonio Kast asumirá la presidencia el próximo 11 de marzo. Este sensible asunto tecnológico y estratégico -que aún no está en la agenda diaria de los chilenos- será uno de los primeros retos que podría enfrentar. Y de las primeras presiones que deberá soportar desde Beijing para cumplir la promesa empeñada por Boric al régimen chino.
X: @TotiPI
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