
Los médicos de Brasil, el segundo país con más casos confirmados a nivel mundial, se ven con cada vez más frecuencia obligados a decidir qué paciente recibirá el tratamiento necesario para poder hacerle frente a los síntomas graves del coronavirus.
El dilema deja a los profesionales de la salud con fuertes efectos emocionales. Un médico cirujano de Manaos declaró al periódico O Globo que se siente parte de una “conspiración de asesinato” en cada turno de trabajo en dos salas de emergencia de la ciudad. Como ejemplo, recordó el caso de un paciente que necesitaba de un respirador por insuficiencia pulmonar, pero ya que no quedaban equipos disponibles. El personal decidió hacerle un tratamiento paliativo... pero luego vio que tampoco había morfina. El paciente murió pocas horas después, sin recibir siquiera un alivio para el dolor.
En Pernambuco, el 95% de las camas hospitalarias ya están ocupadas. El hematólogo Elton Menezes explica que ha tratado de repartir el peso de estas difíciles decisiones entre su equipo de trabajo. Hace dos semanas, en el Día de la Madre, tenía a dos pacientes en estado grave que necesitaban un respirador: una mujer de 70 años y un hombre de 40. Llamó a todos los colaboradores para decidir quién usaría el aparato.
“Lo primero que se viene a la mente es la edad. ¿Ella lo merecía menos? Decidimos que el paciente más joven podría aguantar un poco más de tiempo sin ventilador. Después conseguimos otro para él, pero hasta ese final feliz pasaron siete horas de tristeza”, contó al periódico. Cargado de ansiedad, agregó: “Voy angustiado por los pisos, pensando en que voy a pasar por la misma situación. Estas decisiones te quedan en la piel”.
Por su parte, una infectóloga de Pará, identificada con las iniciales E.P., admite que tuvo que tomar pastillas para poder dormir, incluso después de las largas jornadas laborales, por el efecto emocional. Unos días antes, había tenido que decidir entre el abuelo de un amigo cercano y una mujer de 21 años en su séptimo mes de embarazo. La única cama disponible en Cuidados Intensivos fue para la joven, que de todas formas murió poco después, junto al nonato.

En Río de Janeiro, el último fin de semana los familiares de más de 300 pacientes buscaban desesperados alguna cama de UCI disponible. En la Ciudad Maravillosa, una médica del hospital Ronaldo Gazolla, uno de los centros especializados en Covid-19, explica que los respiradores no escasean, pero el drama allí es que no hay hemodiálisis para todos. “La semana pasada había seis aparatos para todo el hospital, con 10 pacientes que lo necesitaban. Cuando vemos un paciente muy grave, lamentablemente a veces la gente ni lo intenta”, contó a Globo.
En 2016, el Consejo Federal de Medicina publicó un documento con las prioridades para la admisión en la UCI de los pacientes, pero no especifica qué criterios deben tenerse en cuenta, por lo que la decisión queda en manos de los responsables del área de salud de cada estado para elaborar sus propios protocolos. Ante la falta de lineamientos, la Asociación Brasileña de Medicina Intensiva ya comenzó las conversaciones para elaborar una guía, basada en un puntaje sobre la gravedad de seis áreas (como respiratorias y cardiovasculares) y las enfermedades preexistentes.
Brasil es el país más castigado de la región, con 22.666 muertes. El gigante sudamericano superó también los 363.000 casos de infección, por lo que ya es el segundo país del mundo con más contagios, por detrás de Estados Unidos. Sin embargo, el presidente Jair Bolsonaro continúa minimizando la pandemia, sin ordenar controles estrictos, y sigue participando de actos masivos con contactos cercanos con los asistentes.
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