Zagreb, 18 feb (EFE).- Serbia y Rusia han reforzado su cooperación con el objetivo de combatir las llamadas 'revoluciones de colores', un término con el que ambos gobiernos descalifican las multitudinarias protestas antigubernamentales que desde noviembre sacuden Serbia y que atribuyen a una injerencia extranjera.
El respaldó ruso a Serbia lo ratificaron en Moscú el vicepresidente de gobierno de Serbia, Aleksandar Vulin, y el secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Serguéi Shoigu, según un comunicado oficial publicado este martes en la web del gobierno serbio.
El Consejo de Seguridad ruso, órgano compuesto por jefes de agencias de seguridad y defensa de Rusia y presidido por el presidente de Rusia, ha prometido a Vulin que Moscú "intensificará la cooperación con el pueblo hermano de Serbia en la preservación de la estabilidad" y "para oponerse a las revoluciones de colores", según el comunicado.
También subraya también "el rechazo categórico a la injerencia externa en los asuntos internos de Estados soberanos".
El presidente serbio, el nacionalpopulista Aleksandar Vucic, y los miembros del Gobierno serbio, así como también representantes del Kremlín, califican las protestas diarias de miles de estudiantes y ciudadanos que desde noviembre tienen lugar en Serbia como una "revolución de colores".
Atribuyen a este movimiento ciudadano, liderado por universitarios, haber sido incitado y financiado desde el exterior, para desestabilizar al país.
En los últimos días, Vucic ha calificado las multitudinarias protestas estudiantiles en Serbia como "la más sucia revolución de color en la historia de la humanidad", atribuyéndolas a una supuesta injerencia extranjera.
También ha acusado a la agencia estadounidense USAID, entre otras, de haber destinado miles de millones de euros durante la anterior administración de Washington para financiar las manifestaciones y contribuir a la "destrucción de Serbia".
Vucic también prometió una "lucha sin cuartel" contra los supuestos "incitadores" de las protestas, una declaración que algunos analistas, críticos con su gobierno y que lo acusan de autoritario, interpretan como una amenaza de represión.
Mientras tanto, decenas de miles de estudiantes y ciudadanos continúan manifestándose en Serbia exigiendo responsabilidad y el respeto al Estado de derecho, tras la muerte de 15 personas el pasado 1 de noviembre debido al derrumbe del techo de la recién renovada estación de trenes de Novi Sad.
Los manifestantes atribuyen la tragedia a la corrupción endémica del país.EFE
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