David Ramiro
Madrid, 27 ene (EFE).- Casi un año después de su llegada al banquillo del Rayo como primer entrenador, que se produjo el 14 de febrero de 2024, Iñigo Pérez está haciendo olvidar el fantástico trienio de Andoni Iraola (2020-2023) con una temporada en la que, a falta de diecisiete jornadas para el campeonato liguero, se ha desatado la ilusión por Europa.
"Hay que tener prudencia, pero entiendo que también hay que disfrutar. Cuando consigamos el objetivo seré el primero en soltar el pie del freno de la exaltación para ver donde podemos llegar", dijo Iñigo Pérez, al término del último partido frente al Girona.
En ese encuentro, que además supuso la vuelta a 'casa' de Míchel, el Rayo remontó y sumó tres puntos que le impulsan en la clasificación hasta los 29, a solo once de los cuarenta en que cifran la permanencia. Además, le permiten situarse séptimo de la tabla a solo un punto de la sexta plaza que ocupa el Real Mallorca, y nueve por encima del descenso, el verdadero objetivo.
Uno de los grandes artífices en este éxito del Rayo es Iñigo Pérez, que, sin levantar la voz, centrado en trabajar y con un metódico plan de organización semana tras semana, está consiguiendo ensamblar las piezas de un equipo que tiene unas señas de identidad muy reconocibles. Presiona alto, quiere el balón, busca ser protagonista, trata de ser vertical y no se arruga ante ningún rival.
El técnico navarro, además, también se ha mostrado como una persona apaciguadora que no entra en la discusión mediática de decisiones que pueden desestabilizar al grupo. Se ha visto con el 'caso' de James Rodríguez, con el que desde su llegada y hasta su marcha hace dos semanas ha tenido que lidiar con insultos en redes sociales y preguntas en cada conferencia de prensa. También con Raúl de Tomás, el fichaje más caro en la historia del club, sin sitio en el equipo y desaparecido desde hace varias semanas por una 'enfermedad común'.
Esos dos ejemplos ilustran a las claras la cohesión de vestuario que ha conseguido Iñigo Pérez, que es más partidario de un grupo unido y una idea coral de juego que las individualidades de jugadores por mucho nombre que puedan tener.
Iñigo Pérez, que ya estuvo en la temporada 2022/2023 en el Rayo como segundo de Andoni Iraola, está haciendo olvidar a su mentor. La ilusión que genera este equipo está fuera de toda duda y, aunque aún queda mucha temporada y desde el vestuario son conscientes que alguna mala racha vendrá, la hoja de ruta está clara. Primero permanencia y después soñar.
El compromiso que hay en el vestuario es enorme y prueba de ello es que jugadores que a principios de temporada se pensaba que iban a tener un papel algo más secundario están siendo determinantes, caso de Jorge de Frutos o Randy Nteka, claves con sus goles, y otros veteranos que están contando con menos minutos, como Oscar Trejo, son fundamentales de puertas para adentro.
El Rayo se encuentra en el mejor momento de forma de la temporada y el derbi madrileño de la próxima jornada frente al Leganés lo afronta en una buena racha que espera prolongar. El equipo suma siete jornadas sin perder tras ganar a Valencia, Celta de Vigo y Girona y empatar con Real Madrid, Villarreal, Betis y Osasuna.
La ilusión de este Rayo que dirige Iñigo Pérez recuerda a la que transmitió en su trienio Andoni Iraola. Un ascenso a Primera en 2021, la disputa de las semifinales de la Copa del Rey en 2022, dos permanencias holgadas en la máxima categoría y la pelea por Europa en 2023. EFE
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