Juanjo Galán
Helsinki, 27 dic (EFE).- Finlandia ha pasado en poco tiempo de la prudencia a la firmeza a la hora de afrontar el aumento de presuntos sabotajes rusos a sus infraestructuras críticas en el mar Báltico, consciente de que solo una reacción enérgica puede prevenir nuevos incidentes cuya autoría es muy difícil de esclarecer.
Tras sufrir en los últimos doce meses misteriosas averías en un gasoducto y varios cables submarinos que todavía se están investigando, un episodio similar sucedido el pasado miércoles desencadenó el rápido despliegue de las fuerzas especiales, que abordaron el petrolero Eagle S en aguas internacionales y lo obligaron a fondear en aguas finlandesas.
Según las autoridades del país nórdico, este buque, registrado en las Islas Cook y que hacía la travesía entre Rusia y Egipto, es sospechoso de haber dañado con su ancla el cable eléctrico submarino Estlink 2 entre Finlandia y Estonia y cuatro cables de telecomunicaciones cercanos.
La rápida respuesta de las autoridades finlandesas permitió a los investigadores interrogar este viernes a la tripulación y revisar la documentación del buque, además de realizar una inspección técnica para tratar de determinar si fue el causante de la rotura de los cables.
Asimismo, el Servicio de Aduanas retuvo las 35.000 toneladas de combustible que transportaba el petrolero, ya que sospecha que el buque pertenece a la llamada "flota rusa en la sombra", empleada por Moscú para sortear las restricciones impuestas por las potencias occidentales a sus exportaciones de petróleo.
El presidente finlandés, Alexander Stubb, agradeció a las autoridades la rapidez y contundencia de la respuesta y constató en una rueda de prensa que la capacidad de Finlandia para reaccionar a este tipo de incidentes "ha mejorado notablemente".
"Hace un año, el barco pudo continuar viaje; hace un mes fue detenido pero permaneció en aguas internacionales; ahora nos hicimos con el control del buque a las pocas horas del incidente", señaló respecto a los tres últimos casos de posibles sabotajes.
Finlandia y Estonia, los dos países más perjudicados por la rotura de los cables, solicitaron este viernes a la OTAN que aumente su presencia militar en la región del Báltico, especialmente en torno a las infraestructuras críticas.
El secretario general de la Alianza, Marc Rutte, expresó a Stubb su solidaridad y apoyo en una conversación telefónica y confirmó que la OTAN incrementará su presencia militar en la región.
Este último incidente desató además una airada reacción a nivel europeo. La Comisión Europea y la Alta Representante de la Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, expresaron en una declaración conjunta su "condena" ante la "destrucción deliberada" de las infraestructuras críticas en Europa.
Varios países de la región del Báltico han sido víctimas de "accidentes" en sus infraestructuras submarinas en el último año, aunque ninguno los ha sufrido con tanta reiteración como Finlandia, nación vecina de Rusia que recibió numerosas amenazas por parte de Moscú cuando ingresó en la OTAN en 2023.
Seis meses después de su adhesión a la Alianza, se averiaron en extrañas circunstancias y en un corto intervalo de tiempo el gasoducto submarino Balticconnector y un cable de telecomunicaciones, ambos entre Finlandia y Estonia.
Aunque las investigaciones no han concluido, se sabe que la rotura de estas dos infraestructuras fue causada por el ancla del buque mercante chino Newnew Polar Bear, pero sigue sin poder probarse que fuera una acto deliberado, en lugar de un accidente -como sostiene Pekín-, porque el barco siguió viaje.
En noviembre pasado se produjo otro incidente muy similar, protagonizado por otro buque con bandera china procedente de un puerto ruso y con el mismo "modus operandi".
El carguero Yi Peng 3 rompió presuntamente dos cables submarinos de telecomunicaciones entre Finlandia y Alemania y entre Suecia y Lituania, pero esta vez fue retenido por la Guardia Costera danesa en aguas internacionales en el estrecho de Kattegat.
Tras permanecer más de un mes fondeado entre Dinamarca y Suecia, investigadores de estos dos países, Finlandia y Alemania examinaron el barco la semana pasada con la autorización de China para determinar su posible implicación en la rotura de los cables y analizar si se trató de un caso de sabotaje.
Una vez finalizada la inspección, el Yi Peng 3 fue autorizado a seguir su viaje, sin que de momento se conozca el resultado de las investigaciones. EFE
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