Las autoridades congoleñas intentan acabar con la explotación clandestina en la antigua mina de uranio de Shinkolobwe, en el sureste de la República Democrática del Congo (RDC), de donde se extrajo el mineral utilizado en las primeras bombas atómicas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki en 1945.
La mina, que pertenece a la empresa estatal Gécamines, está oficialmente cerrada desde 1960, y la última ordenanza presidencial confirmando el cierre remonta a 2004.
Pero "la explotación clandestina de la mina" persiste, dijo el martes a la AFP Paul Kisimba, militante de los derechos humanos y la sociedad civil de Likasi, una ciudad situada a 30 km de la mina.
"Todos los servicios de seguridad desplegados para la vigilancia de estas instalaciones mineras fracasaron", lamentó, "ya sean elementos de las Fardc (fuerzas armadas), de la policía o los guardias industriales de Gécamines".
Según él, "son estos los primeros en hacer entrar de noche a los buscadores particulares con un pago de por medio, y lo justifican por la falta de raciones, que las autoridades no les suministra regularmente".
Tras este nuevo aviso de la sociedad civil, las autoridades locales se reunieron la semana pasada para decidir qué medidas tomar y una delegación dirigida por el ministro provincial de Minas de Alto Katanga, Georges Mawine, estuvo en el lugar el lunes.
"Estamos aquí para empezar los estudios y ver sobre cuánta superficie se construirá un cerco para impedir la explotación clandestina" de las instalaciones, dijo.
Además de este vallado, también está prevista la instalación de varias cámaras de vigilancia y el refuerzo de los efectivos de seguridad.
La región es rica en cobre y cobalto, pero también en uranio, que normalmente se encuentra en pocas cantidades en piedras brutas extraídas de canteras cupríferas.
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