
Ginebra, 15 jun (EFE).- El presidente de Rusia, Vladímir Putin, acudirá mañana a su primer encuentro cara a cara con su homólogo de EEUU, Joe Biden, sin ilusiones acerca de una posible mejora de las relaciones, pero decidido a apostar por el pragmatismo y abierto a cooperar en áreas como la estabilidad estratégica y la ciberseguridad.
"No espero grandes avances", dijo el líder ruso pocos días antes de la cumbre que tendrá lugar en la Villa La Grange de Ginebra.
Putin, quien ha reconocido que las relaciones entre Rusia y EEUU se encuentran en su "punto más bajo" en décadas, a lo máximo que aspira en la cita es a restaurar "los contactos personales, el diálogo directo y crear mecanismos funcionales en áreas de interés mutuo", según ha dicho.
Esas áreas son la estabilidad estratégica y el control de armas, el clima, la búsqueda de soluciones a conflictos regionales, la ciberseguridad y la lucha contra el terrorismo y el coronavirus.
DOS PROPUESTAS QUE REQUIEREN RESPUESTA
El líder ruso puso el año pasado sobre la mesa dos propuestas a las que aún espera una respuesta por parte de EEUU: la introducción de una moratoria al despliegue de misiles de corto y medio alcance en Europa y la reanudación de la cooperación en el campo de la seguridad de la información internacional.
Putin considera "destructiva" la política aplicada en los últimos años por EEUU, dado que abandonó en 2002 el tratado antimisiles, en 2019 el de eliminación de misiles nucleares de corto y medio alcance (INF) y en 2020 el de Cielos Abiertos, un acuerdo multilateral que garantiza la transparencia en el control de armas.
Entre las dos potencias nucleares solo queda un tratado de desarme, el tratado Nuevo START que el líder ruso y Biden prolongaron a principios de año hasta 2026, pero sin reiniciar un diálogo sobre todos los aspectos de la estabilidad estratégica, como la inclusión de nuevas armas, entre ellas las hipersónicas.
Rusia ha propuesto a EEUU ampliar la agenda e incluir en ella todas las armas ofensivas y defensivas, tanto nucleares como no nucleares, capaces de resolver tareas estratégicas.
APUESTA POR EL PRAGMATISMO
El jefe del Kremlin tiene asumido que la política de Biden seguirá siendo firme y que las sanciones contra Rusia continuarán.
No espera por tanto un "reinicio" de las relaciones como el que intentó en vano en 2009 Barack Obama (2009-2017) con el entonces presidente ruso Dmitri Medvédev.
Putin se llevó bien con George W. Bush (2001-2009) y con Donald Trump, pero al igual que no llegó a tener afinidad con Obama, con Biden tampoco ha tenido buenas experiencias.
No en vano éste le dijo en 2011, durante una visita a Moscú cuando era vicepresidente de Obama y Putin primer ministro de Rusia, que no tenía alma y en marzo pasado le llamó asesino.
El mandatario ruso pasará de alto estas declaraciones en la cumbre y tratará de ser pragmático. Y lo mismo espera de Biden, de quien ha destacado su gran experiencia política y de quien por todo ello no espera "movimientos impulsivos".
"No habrá ningún cambio importante en las relaciones ruso-estadounidenses. Seguirán siendo de confrontación, hostiles", pero no continuarán en una línea de escalada, señaló a Efe Dmitri Súslov, politólogo y subdirector de los programas de investigación del Consejo de Política Exterior y de Defensa.
A su juicio, el miércoles al final del día habrá en Ginebra una "suspensión de la guerra diplomática" entre EEUU y Rusia.
El asesor del presidente de Rusia para Asuntos Internacionales, Yuri Ushakov, avanzó este martes que uno de los resultados de la cumbre podría ser la vuelta a sus destinos de los embajadores de Rusia y EEUU, Anatoli Antónov y John Sullivan, tras su salida de Washington y Moscú en marzo y abril pasado, respectivamente.
EXPLICACIONES PERO CON LÍNEAS ROJAS
El mandatario ruso se verá mañana las caras con su quinto presidente estadounidenses desde que llegó al poder hace más de dos décadas, y ya ha adelantado que no permitirá a Biden que le dicte cómo debe comportarse en casa o en el escenario internacional.
Porque Rusia, como ha dicho, también tiene sus líneas rojas, siendo una de ellas la anexión de la península ucraniana de Crimea, un hecho consumado para el Kremlin.
El líder ruso tendrá que escuchar de la boca de su homólogo el rechazo de la Casa Blanca a los supuestos ciberataques desde territorio ruso, a las violaciones de derechos humanos, a la persecución contra la oposición -en especial del líder opositor Alexéi Navalni-, al papel de Rusia en el este de Ucrania o a su apoyo al régimen de Alexandr Lukashenko en Bielorrusia.
Para cada uno de los temas Putin tiene respuestas: el Kremlin ha negado cualquier implicación en ciberataques en EEUU, si bien antes de la cumbre se ha mostrado dispuesto a extraditar a ciberdelincuentes a EEUU si Washington actúa de manera similar.
En cuanto a Ucrania, Moscú considera que no es parte del conflicto entre los rebeldes prorrusos y el Ejército ucraniano en el este de ese país y echa la pelota sobre el tejado de Kiev.
Su apoyo a Minsk no está abierto a debate para el Kremlin y en materia de derechos humanos Putin ha acusado a Washington de utilizar un doble estándar cuando critica el estado de los derechos humanos en Rusia y no aborda primero sus propios problemas.
Céline Aemisegger
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