A una semana de la muerte del jefe del Grupo Wagner, Yevgeny Prigozhin, luego de que el avión privado en el que viajara se accidentara misteriosamente en Rusia, otra extraña muerte ha vuelto a recuperar el interés del público, precisamente por su relación con la élite del Kremlin. Se trata de la extraña caída desde un edificio de Dan Rapoport, un ciudadano estadounidense nacido en la Unión Soviética que hizo una fortuna en la Rusia poscomunista antes de enfadarse con el régimen.
La muerte de Rapoport, la cual fue calificada como un suicidio, sigue siendo aún un misterio sin resolver. En un artículo publicado este viernes, el medio estadounidense POLITICO reveló contactos con varias personas cercanas al ex empresario de Moscú.
“Hay algo aquí que no me cuadra”, dice Jason Jay Smart, consultor político estadounidense radicado en Kiev y figura abierta de los medios de comunicación pro Ucrania que era cercano a Rapoport. “Ninguno de los que lo conocieron están convencidos de que simplemente se levantó y decidió saltar”, le dijo a la revista estadounidense.
“Lo principal que ha sucedido es algo que no ha sucedido: es que las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley en Washington no han presentado nada más concluyente sobre lo que ocurrió”, dice otro antiguo asociado, Bill Browder, el ex financiero de Moscú convertido en el antagonista más vendido del Kremlin. “Este es un tema muy serio. Es un ciudadano estadounidense que era enemigo de Vladimir Putin y que murió prematuramente. Eso merece una investigación seria”, le dijo a POLITICO.
Y es que para muchos fue muy llamativo el hecho de que protagonizó un hombre que alguna vez se movió en círculos de élite y fue dueño de la casa que más tarde se convirtió en la residencia de Ivanka Trump y Jared Kushner.

Lo que confunde a los críticos, según la revista estadounidense, es el silencio adoptado por el Departamento de Policía Metropolitana de Washington en los días posteriores a la muerte de Rapoport, a pesar de que se acumulan en todo el mundo los recuentos de suicidios de personas rusas enemistadas con Putin de maneras dudosas.
Rapoport murió el pasado 14 de agosto de 2022 a los 52 años. Los agentes que llegaron al lugar donde estaba su cadáver, en las afuera de un edificio de lujo en el vecindario de West End de la capital estadounidense, aseguran que el cuerpo vestía chanclas y un sombrero negro. Lo encontraron con un teléfono celular roto, audífonos y 2.620 dólares en efectivo, pero sin billetera.
El cuerpo fue enviado con los forenses, lo cual es una práctica habitual cuando se presume que hubo un suicidio. Pero había que esperar la autopsia para poder determinar más sobre la muerte y poder saber si se trató de una caída accidental o no, como sugieren algunos.
Cuando finalmente llegó el informe en noviembre, no fue concluyente. Los detalles publicados por la Oficina del Médico Forense de la ciudad (OCME), por sus siglas en inglés, revelaron que murió por “múltiples lesiones contundentes debido a una caída desde una altura”, pero no aclararon la forma como cayó.
“En este momento, no hay ninguna investigación en curso sobre esta muerte”, dijo un especialista en asuntos públicos en enero. “La OCME determinó que esa forma de muerte es indeterminada”.
Paris Lewbel, subdirectora de la oficina de comunicaciones del departamento, dijo que el caso en realidad sigue abierto y en curso en la medida en que no se ha asignado ninguna causa, por lo que técnicamente no puede cerrarse. Pero indicó que el departamento no lo está investigando activamente salvo nueva información. “Como en todos los casos, entrevistamos y recopilamos múltiples pruebas, y lo hemos hecho en este caso y en todos los demás”, dijo Lewbel a POLITICO.
Olena Rapoport, la viuda del ex empresario, no ha hablado públicamente sobre el caso desde que le dijo a un medio en ruso en agosto pasado que la información sobre un suicidio era incorrecta.

Recientemente aseguró que la familia estaba buscando un análisis de sangre independiente, de acuerdo con información publicada por la revista estadounidense.
“Quiere llevar a cabo una investigación privada sin publicidad”, dijo a POLITICO David Satter, amigo de los Rapoport y ex corresponsal en Moscú que, en 2013, se convirtió en el primer reportero estadounidense expulsado de Moscú desde la Guerra Fría. “No veo ningún indicio de que (la policía) esté haciendo un esfuerzo serio”.
Este hecho ha sido comparado por algunos con el caso de Mikhail Lesin, un ex asistente de Putin, que murió en la habitación de un hotel en Dupont Circle. Lo que inicialmente se informó fue que era un ataque cardíaco. El médico forense determinó más tarde que lo mató un traumatismo contundente. Pero los fiscales locales cerraron el caso después de que el informe fue modificado para decir que la fuerza contundente fue un accidente, posiblemente el resultado de caerse de una cama mientras estaba ebrio.
“Dado el carácter de Dan y las presiones a las que estaba sometido, cualquiera de las explicaciones podría ser cierta”, dice Satter, que ahora es autor radicado en Washington y colaborador del Wall Street Journal. “Pero mi sensación al respecto es que existe una posibilidad seria de que haya sido víctima de un asesinato, o al menos no se puede descartar. Incluso la posibilidad de que estén cometiendo estos crímenes aquí en la capital de Estados Unidos es algo que merece el más alto nivel de atención”.
Rapoport no era un extraño que podía pasar desapercibido. Nació en la Letonia soviética antes de emigrar a Texas, se mudó a Moscú después de la caída del comunismo y luego se mudó a Washington en 2012 cuando Putin regresó al poder. Vivía en la zona Beltway en Wshigton. Después de divorciarse, se mudó a Kiev en 2016, donde se casó de nuevo y era constantemente consultado por la prensa de una línea contraria al régimen ruso. Finalmente regresó a Washington unos meses después de la invasión, donde falleció.
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