
“Me puedo imaginar perfectamente a un niñito prehistórico que se ríe mientras le dan uno de estos biberones con leche”, dijo a NPR la arqueóloga Julie Dunne. “Son divertidos. Parecen un pequeño juguete, también". La investigadora hablaba de las pequeñas vasijas (algunas, con formas de animales) en las que ella y su equipo de la Universidad de Bristol hallaron restos de leche de animales: prueban que incluso los antepasados de las edades de Bronce y de Hierro se hacían la pregunta ¿leche materna o fórmula para bebés?
Estas vasijas contienen todavía moléculas de leche de rumiantes, revelaron análisis químicos e isotópicos: ovejas, cabras y vacas. “Es la primera vez que hemos logrado identificar el tipo de alimentos que se daba a los bebés prehistóricos”, agregó Dunne a la radio pública estadounidense.

Los artefactos —algunos simplemente cuerpos redondos, otros con formas que representaban “animales míticos, no reales”— fueron hallados en tumbas de niños prehistóricos en Bavaria, Alemania. Su tamaño de 5 a 10 centímetros permite que los sostengan las manos de pequeños; tienen pico acanalado por el cual se puede chupar el contenido.
Esta clase de alfarería apareció por primera vez en el Neolítico, al mismo tiempo que los humanos pasaron de ser cazadores a formar sociedades agrarias. Eso permitió que tuvieran animales disponibles para alimentar a la comunidad, también con leche para los bebés.
El estudio, publicado en Nature, analizó las "huellas de lípidos” y los compuestos de ácidos grasos en los residuos de tres de estas pequeñas vasijas. “Los resultados sugieren que se usaban para alimentar a los niños con productos lácteos derivados de rumiantes”, informó el trabajo. “Esta prueba de alimentos utilizados para nutrir o destetar a los niños prehistóricos confirma la importancia que la leche de animales domesticados tenía para estas comunidades originarias, y nos da información sobre el comportamiento respecto de la alimentación de los niños que tenían los grupos humanos prehistóricos”.

Antes de este estudio no se sabía de qué manera los niños pasaban de alimentarse con leche materna a consumir sólidos. Dunne detalló en un comunicado de prensa de la Universidad de Bristol: “Estas cerámicas pequeñas y sugerentes nos dan información valiosa sobre cómo y con qué se alimentaba a los bebés hace miles de años, lo cual nos brinda una conexión real con las madres y los niños del pasado”.
Su colaboradora principal, la arqueóloga Katharina Rebay-Salisbury de la Academia Austríaca de Ciencias, quien dirige un proyecto sobre maternidad en la prehistoria, comentó: “Criar bebés no era algo fácil en los tiempos prehistóricos. Nos interesa investigar las prácticas culturales de la maternidad, que tuvieron implicancias profundas en la supervivencia de los bebés. Es fascinante poder ver, por primera vez, qué alimentos contenían las vasijas”.

Dunne hizo una comprobación extra-científica que complementó su perspectiva: dio a un niño pequeño, llamado Noah, una vasija creada como una reconstrucción exacta de los biberones prehistóricos. “Es algo de uso muy intuitivo, cabe perfectamente en las manos ahuecadas de un chiquito”, reveló. “A él le encantó. De inmediato comenzó a chupar el pico. Se lo veía muy contento, se quedó largo rato jugando con ella y succionando”.
La investigadora explicó a BBC que el hallazgo explica potencialmente mucho más que “cómo hacían las familias hace varios miles de años para criar sus hijos”: como hay una relación inversa entre amamantamiento y fertilidad, la entrada en escena del biberón podría haber facilitado la explosión demográfica que sucedió durante el Neolítico.

“El hecho de que por primera vez pudiéramos darles leche animal a los bebés humanos significa, básicamente, que las mujeres prehistóricas podían tener más hijos, lo cual lleva a un aumento masivo de la población, lo cual nos ubica en el camino hacia el modo en que vivimos hoy".
Siân Halcrow, bioarqueóloga de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, agregó a NPR que hasta ahora los científicos no habían comprendido que “la introducción de leche animal en la dieta de los niños pequeños podría haber cambiado la fertilidad de una mujer”. Si las mujeres pudieron dejar de amamantar a su hijos en cierto momento del desarrollo infantil, su fertilidad probablemente mejoró: “Pudieron así tener más bebés en su tiempo de vida, lo cual dio como resultado un aumento en el tamaño de la población”.
Eso, evaluó, “podría haber llevado a algunos de los cambios poblacionales que vimos alrededor del periodo Neolítico, con su mayor explosión demográfica”
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