
Sea una cartera Birkin o una Kelly, un foulard o un traje de baño en Eperon d'Or, las piezas de Hermès dejan material sobrante. Es difícil considerar basura el cashmere, el cuero, la seda, el cristal, la cerámica de la casa francesa. Pascale Mussard, sexta generación en la marca que creó Thierry Hermès, a quien de niña llamaban "pequeña urraca" porque tenía el hábito de juntar los pedacitos que quedaban de la fabricación, hizo de la necesidad virtud y creó petit h, un espacio que se puede ver como el reciclaje del lujo.

"Las sobras de cualquier producto de Hermès tienen en sí mismas una calidad a la que se debe atender y hallarle un uso", dijo Mussard a Emma Allen para The New Yorker. "Prefiero hablar de material durmiente antes que de material descartado".

Hasta hace poco, la política de Hermès era reutilizar un material cuando se podía: el sobrante de una cartera podía convertirse en una correa de reloj. Pero desde que en 2010 Mussard concibió la idea de petit h, el concepto pasó a crear objetos nuevos y experimentar en el diseño. Desde 2017 hay lanzamientos mensuales de tarjeteros (USD 610), rehiletes (USD 335), porta-pasaportes (USD 210), adornos para el árbol de navidad (USD 145), collares (USD 290), pulseras (USD 500) y hasta bolsas para hacer las compras (USD 550).

Son, además, objetos que pueden convertirse en piezas casi únicas, como la cartera esqueleto —hecha de fieltro gris con un revestimiento de cuero recortado, que permite ver la tela— que ya no se puede encontrar en la tienda en línea, y que costaba USD 2.100. Hubo también vajilla de seda y lo que Mussard llamó "tótems de viaje".

"Hermès reunió todos sus materiales, su conocimiento y su creatividad", dice la presentación de la página de petit h, que se describe como "un taller siempre en transformación, donde los materiales se recolectan y reciben una extensión de vida". Un video muestra el modo en que se trabaja en ese taller, "un laboratorio de ideas y experimentación donde todo se puede imaginar, probar y crear".
Las creaciones de la rama reciclable de la marca famosa "no se conciben para que formen parte de una colección y se expongan en una temporada de moda", se explica. "Se presentan en ventas especiales cada tanto, durante periodos limitados, en las tiendas de Hermès de distintos lugares del mundo y de modo permanente en la tienda ubicada en 17 Rue de Sèvres en París".

Los objetos, desde prácticos hasta puramente ornamentales, son una suerte de trastienda: los diseñadores, los artesanos y los joyeros pueden probar nuevas ideas sin el costo de un lanzamiento internacional y quienes no trabajan para la firma pueden presentar proyectos y probarlos. Los consumidores, por su parte, tienen la impresión de ver el modo en que se trabaja en Hermès y a la vez hallar tesoros en la basura.
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