Julio Cortázar sigue siendo, hasta el día de hoy, uno de los escritores más destacados de habla hispana. Por ello no es de extrañar que aún se publiquen libros sobre su vida, no obstante, Miguel Dalmau, autor de El cronopio fugitivo, hace hincapié en la vida sexual del autor de Rayuela. "Yo me he limitado a poner una linterna en el otro lado de esa puerta, siguiendo pistas que los demás biógrafos han abandonado", afirma el biógrafo.
Es así como todo comienza con un joven Cortázar, que a causa del gigantismo que sufría, debió someterse a un tratamiento hormonal con testosterona a finales de los años 60, que le produjo transformarse, de un hombre con cara de bebé, a un personaje barbudo y de pelo largo, pero que a su vez le estimuló el apetito sexual. "Ahí se acaba el intelectual retraído y monógamo", dice, Dalmau, en una entrevista con el diario El País.
"El tratamiento le cambia la actitud y su comportamiento sexual: le pasa a los 60 años lo que suele ocurrir en los 20, pero con la ventaja de que es un conocido y, en todos los aspectos, atractivo escritor", sostiene el biógrafo. Sin embargo, Dalmau cree que previo a la cura de su gigantismo, Cortázar tenía deseos incestuosos con su hermana Ofelia, que se le manifestaban en forma de pesadillas, y que fueron en realidad uno de los motores que lo obligaron a irse de la Argentina con destino a París. De hecho, para Dalmau esto explica por qué varios relatos de Cortázar tratan el tema del incesto.
El biógrafo, además, considera que el peso que tuvo Aurora Bernárdez, viuda del escritor, en sus obras, fue menor del que se dice. Incluso, Dalmau sostiene que el argentino no podía tener hijos, y que en su matrimonio con Aurora, no tenían relaciones sexuales. "Ella no hizo más que perpetuar el matriarcado argentino en el que vivió siempre el escritor, que por ello casi nunca se comportó como macho alfa sino que mostró una sensibilidad muy desarrollada, lo que explica que fuera un escritor de tanto éxito entre las mujeres".
Según Dalmau, las mujeres se volvieron un objeto de deseo en la vida del autor argentino, y por ello tuvo varias amantes, entre las que se destaca la fotógrafa holandesa Manja Offerhaus, quien le tomó uno de los retratos más conocidos al autor de Bestiario. Pero el biógrafo añade algo más llamativo: aparentemente Cortázar realizó un "safari sexual" en Kenia, con motivo de una conferencia de la Unesco, donde persiguió a algunas mujeres locales, y basándose en unos poemas que se publicaron póstumamente, habría violado a una tal "C.C", de acuerdo a esta investigación.
El biógrafo también relata la sorpresa que se llevó el escritor y amigo de Cortázar, Mario Vargas Llosa, cuando lo va a visitar a Londres, porque de lo único que hablaba era de sexo, drogas y revistas eróticas. De todas maneras, Dalmau considera que Cortázar no se sentía cómodo manteniendo relaciones poligámicas, y según él, esto se ve reflejado por escrito en dos niveles: en sus novelas, sobre todo el
, como en sus cartas destinadas a sus seres más íntimos: "
", les confesó una vez tras la ruptura con la editora lituana Ugné Karvelis por los celos inevitables en toda pareja abierta.
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