La historia de Sophia Amoruso es digna de ser trasladada al cine. A los 17 años dejó su casa para llevar una vida anarquista y vivir sin dinero en Olympia, Washington. Pero luego la encontraron en pleno robo en una tienda y cambió su ideología.
"Aprendí de la manera más dura que tomar atajos y vivir gratis, no es en realidad vivir con libertad", explicó en una entrevista a BBC.
Tiempo después, se fue a vivir a Los Ángeles y, tras caer enferma con una hernia, comenzó a trabajar verificando documentos de identidad en una escuela de arte para poder mantener el seguro médico.
En paralelo, empezó a vender ropa usada a través de internet en el sitio de subastas eBay. Contrató a la fotógrafa Paula Trapani y se dedicó a buscar modelos en bares y restaurantes para mostrar la ropa que iba encontrando. Sin darse cuenta, su empresa comenzó a tomar forma.
Sólo faltaba un nombre: Nasty Gal Vintage. Fue una canción de la cantante de jazz Bette Davis, segunda mujer de Miles Davis, la inspiración de lo que se convirtió en una de las empresas más importantes en el mundo de la moda.
Tal fue su éxito, que al tiempo dejó la plataforma online para tener su propia web en donde seguir vendiendo sus hallazgos. Las redes sociales fueron fundamentales para ella y se comunicaba con sus clientes a través de Facebook o Twitter (tenía 1,2 millones de seguidores en Instagram y millones de 'Me gusta' en Facebook en sólo unos meses).
"La mayoría de las otras marcas de modas, incluyendo las que llamo de competidores, están manejadas principalmente por viejos blancos y el cliente lo sabe. Esta generación es superdespabilada. No importa a quién contrates para llevar tus redes sociales si la persona que está manejando las cosas por detrás está lejos del cliente", explicó en la entrevista.
La empresa de Amoruso logró fidelizar a su clientela, en su mayoría mujeres de entre 20 y 30 años, que buscan mezclar marcas caras con otras low cost. El sitio se transformó en un espacio donde encontrar aquellas piezas difíciles que ningún centro comercial puede ofrecer.
En un par de años, Nasty Gal se convirtió en un auténtico imperio que actualmente tiene un valor de 100 millones de dólares y cuenta con más de 350 empleados que venden ropa nueva y usada a millones de mujeres en todo el mundo.
Entre sus próximos planes, está abrir tiendas en algunos puntos estratégicos de Estados Unidos.
"No se comporten como si han llegado, cuando simplemente están recibiendo la invitación", concluye la joven cuando le preguntan qué consejo daría a las chicas que como ella están esperando una oportunidad.
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