"Soy un poquito más joven y más hijo de mil puta que Juárez con los traidores". Así se definió alguna vez Gerardo Zamora, el hombre que suena para ejercer la presidencia provisional del Senado. La frase, que podría preocupar a más de uno, la dijo hace no mucho en una reunión informal, cuando su candidatura para ser reelecto al frente de la provincia norteña fue vetada por la Corte Suprema de Justicia en octubre pasado.
Con su polémica declaración, Zamora se estaba comparando de manera poco feliz con el cinco veces gobernador santiagueño Carlos Juárez. Aquel caudillo fue quien inauguró una nueva tradición política en la provincia: la de delegar el cargo y dejar la sucesión a su esposa, en este caso, Nina Aragonés. Antes de su muerte, Juárez fue detenido y denunciado en numerosas causas civiles y penales en su contra, que van desde corrupción hasta homicidio, secuestros, y violaciones a los derechos humanos. En el poder, persiguió a opositores y utilizó al represor Musa Azar como mano de obra. De allí se desprende la magnitud del escándalo que desató entonces el senador nacional.
Los paralelismos no son caprichosos. Zamora fue electo en varias oportunidades al frente del Ejecutivo provincial, en 2005 y 2009. Y hubiese ocurrido una tercera de no obstruirse judicialmente esa posibilidad. Ante este panorama, decidió que una mujer sin liderazgo y logros políticos sea la que se postule a la gobernación. Al igual que Juárez, propuso que su esposa, Claudia Ledesma Abdala, encabece su partido (Frente Cívico por Santiago) en los comicios de 2013. La fórmula, compartida con José Emilio Neder como vice, obtuvo un triunfo arrollador al imponerse con el 64,7 por ciento de los votos. Una suerte de "alternancia" que no es tal y que consolida el poder de la familia en la provincia.
Oriundo de Mendoza, Zamora se mudó a los cuatro años a la provincia que hoy lidera. Su militancia política arrancó en el brazo estudiantil de la Unión Cívica Radical, la Franja Morada, en la Universidad Católica de Santiago del Estero. Luego, su ascenso siguió el tradicional "ABC" de la política: legislador provincial, intendente de la capital, y gobernador, cargo al que accedió en 2005.
Con la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia, el gobernador dejó las filas de la UCR opositora y, como otrora hizo Julio Cobos, se definió como "radical K". Organizaciones sociales y de izquierda lo denuncian por el abandono y persecución - a punta de pistola- a las comunidades indígenas locales, quienes protagonizan conflictos por la propiedad de la tierra. Uno de los casos que alcanzó repercusión nacional fue el del militante del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE) Cristian Ferreyra, quien murió presuntamente asesinado a manos de la policía de la provincia en 2011.
Pese al reconocimiento de la gente en las urnas, su gestión en Santiago del Estero no logró mejorar sustantivamente los alarmantes indicadores socioeconómicos. Hoy, la provincia continúa siendo la más pobre del país.
Por: Juan Pablo Piscetta jpiscetta@infobae.com
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