El mundo se sorprendió cuando el papa Francisco, al término de la audiencia general en la Plaza de San Pedro, abrazó a un hombre afectado por neurofibromatosis, una enfermedad neuronal que produce tumores en la piel y deformidades en los huesos.
El diario Daily Mail lo entrevistó, y Vinicio Riva recordó con alegría el momento en que fue acogido por el sumo pontífice. "Sentí que el corazón se me salía del cuerpo. Fue el paraíso, él nunca dudó en abrazarme", le contó al periódico.
Su enfermedad es una de las enfermedades genéticas más comunes, pero la apariencia de los enfermos genera todo tipo de rechazos contra ellos. El mal, por supuesto, no es contagioso. Riva lo heredó de su madre, Rosaria, que murió a los 81 años.
"El Papa ni se detuvo a pensar si me abrazaba o no. Mi enfermedad no es contagiosa, pero seguramente él (Francisco) no lo sabía. Bajó del altar a saludar a los enfermos. Yo le besé la mano mientras que él con la otra me acariciaba la cabeza y las heridas. Después tiró de mí, abrazándome con fuerza y besándome el rostro. Yo tenía la cabeza en su pecho, sus brazos me rodeaban. Me tenía muy pegado a él, mimándome, no se apartaba. Simplemente lo hizo: envolvió toda mi cabeza como si solamente sintiera amor", comentó el hombre que vive en Vicenza, una ciudad de 100.000 habitantes al norte de Italia, cercana a Venecia.
Riva reveló que el líder de la Iglesia Católica lo abrazó "completamente en silencio" y que, en su opinión, "a veces se puede decir más sin emitir ninguna palabra".
El hombre vive con su tía, Catalina Lotto, y con su hermana Morena, que también padece la enfermedad, pero en menor medida. Lotto fue quien lo acompañó al encuentro con Francisco en la Plaza San Pedro durante una de sus tradicionales audiencias de los miércoles. "Pensé que no lo iba a soltar", dijo la mujer sobre el abrazo papal a su sobrino.
Los tumores que salen en su piel obligan a Riva a someterse a constantes operaciones. Además dicen que se maneja en bicicleta porque los forúnculos del pie le impiden caminar demasiado. Le resulta cotidiano aparecer lastimado y sangrando.
Su vida cambió a los
, cuándo su cuerpo comenzó a transformarse. Su padre le hizo dejar el colegio y, desde entonces, trabaja con él en una
. Riva también trabaja en un centro especial para discapacitados ensamblando baterías de autos.
Lo que más le gusta, cuenta Riva, es "ver fútbol" con quienes eran sus compañeros de clase, y comer pizza. También disfruta leyendo novelas románticas y llevándole flores a las enfermeras que curan semanalmente sus heridas sangrantes. "Los que conozco desde hace mucho tiempo son amables, el resto me trata horrible", sentenció.
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