De los desastres no se sale fácilmente, y a menudo hay que cometer muchas injusticias para darles un corte final.
Algo de eso ocurrió esta semana en Argentina, cuando la Corte Suprema de Justicia de la Nación falló que la "pesificación" de los depósitos que los ahorristas tenían en dólares es constitucional. La inseguridad jurídica sigue campeando por el país y ello no es de extrañar. No por casualidad estamos donde estamos.
Pero primero hay que explicar brevemente qué significó la "pesificación".
Hasta fines de 2001, el sistema monetario argentino se rigió por que se llamó "convertibilidad". Esto significaba que por cada peso (la moneda nacional) que circulaba en el mercado, existía un dólar convertible en el Banco Central como respaldo.
Eso había permitido acabar con las hiperinflaciones de 1989 y 1990 y había otorgado a la moneda argentina una fortaleza inusitada y ficticia: cada peso que teníamos equivalía a un dólar. Eso era maravilloso cuando viajábamos al exterior pero pernicioso para la producción nacional y los costos internos. Buenos Aires, por ejemplo, era la ciudad más cara del mundo.
En aquellos años 90, en que el presidente Carlos Menem pretendía que habíamos llegado al "Primer Mundo" por tener una moneda de ese valor, los ahorristas podíamos optar por depositar nuestro dinero en pesos o en dólares. Era lo mismo. Muchos bancos internacionales decían que garantizaban los dólares con sus fondos en el exterior. Hasta que la crisis de fines de 2001 -- que nos llevó a tener cinco presidentes en 12 días -- terminó con la devaluación de la moneda y la pesificación de los depósitos.
De un día para otro, un dólar no valía más un peso (llegó a valer cuatro) y los depósitos que creíamos en dólares y garantizados pasaron a estar en pesos devaluados. Encima, ni siquiera los devolvían todos juntos, sino en bonos a 10 años y en valores determinados por coeficientes matemáticos no muy fáciles de comprender, algo a lo que bautizamos como "corralito" y "corralón".
Los bancos, obviamente, no respaldaron los depósitos en dólares con sus fondos en el exterior. Por lo cual los argentinos, de un día para otro, pasamos a perder la confianza en todo el mundo: el gobierno y los bancos. Ahí inventamos slogans como "que se vayan todos" e hicimos nuestro aporte universal a la protesta social con los "piqueteros".
El fallo de este martes de la Corte Suprema pone el broche final a todo aquel proceso desgraciado. La "pesificación" es constitucional, por lo cual no hay más derecho a reclamos de quienes tenían sus depósitos en dólares, que hoy cotizan a tres pesos en el mercado.
No es casualidad que los dos votos decisivos en el fallo sean de jueces recientemente incorporados al tribunal que llegaron propuestos por el oficialismo. La grosera intromisión de la política en la Justicia es parte de nuestra inestabilidad institucional.
Puede comunicarse con Mauricio Llaver, periodista del diario Los Andes en Mendoza, Argentina, en mllaver@los andes.com.ar.
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