Establecer metas estrictas puede generar barreras invisibles que dificultan la adaptación de la actividad física ante desafíos cotidianos. La mentalidad de todo o nada se identificó como un obstáculo relevante para quienes buscan mantener rutinas de ejercicio, según un estudio de la Universidad de Michigan publicado en la revista BMC Public Health.
El equipo liderado por Michelle Segar observó que esta forma de pensar lleva a muchas personas a abandonar sus planes de actividad física cuando no logran cumplir el esquema ideal que se proponen.
Esta mentalidad implica que, si surge un obstáculo que impide seguir el plan original al pie de la letra, la persona opta por prescindir completamente de la actividad en lugar de ajustar su jornada. De acuerdo con la investigación, esta actitud fue analizada mediante grupos focales con adultos de distintas edades que, pese a sus intentos, no lograron consolidar el hábito de ejercitarse de forma constante.

Los resultados del estudio expusieron cuatro componentes clave de la mentalidad de todo o nada. El primero es la presencia de criterios rígidos e idealizados: los participantes experimentaban que, si no cumplían exactamente los estándares autoimpuestos, el esfuerzo carecía de sentido. Como ejemplificó una participante: “Si hago algo durante menos de 15 minutos, siento como si ni siquiera hubiera hecho ejercicio”.
El segundo componente es la tendencia a buscar motivos para evitar el ejercicio planificado. Los investigadores explicaron que muchas personas asocian la actividad física con sensaciones de dificultad o incomodidad, lo que conduce a la postergación indefinida.
Entre las excusas más mencionadas se encontraron frases como “es difícil”, “duele” o “no se siente bien”, empleadas para justificar el abandono o la evasión.

El tercer elemento está relacionado con la percepción del ejercicio como una actividad prescindible frente a otras prioridades diarias. Los participantes admitieron que, ante tareas consideradas imprescindibles, como el trabajo o las responsabilidades familiares, la actividad física es lo primero que descartan.
Así lo expresó uno de ellos: “Cuando tu rutina termina llenándose de cosas que hay que hacer o que se deberían hacer, (hacer ejercicio) es algo fácil de dejar de lado”.
Finalmente, se registró un sentimiento de desconcierto y autocrítica ante la dificultad para mantener la constancia. Aunque las personas recordaban experiencias pasadas positivas con el ejercicio, muchas manifestaban frustración por no poder replicarlas en la actualidad. Una participante comentó: “No entiendo por qué no hago ejercicio... Soy una mujer educada... ¿Por qué no puedo siquiera hacer mella en él?”.

Ambas fuentes subrayan que estos patrones están fuertemente influenciados por factores sociales y culturales. Según la Universidad de Michigan, los mensajes públicos sobre salud y las normas vigentes han instalado criterios idealizados sobre el significado de “ejercitarse correctamente”, promoviendo la idea de que solo los entrenamientos intensos, largos y estructurados tienen valor.
Las consecuencias de esta mentalidad se manifiestan en la tendencia frecuente al abandono y en la baja adherencia al ejercicio. El equipo investigador comprobó que quienes sostienen criterios inflexibles pierden la motivación más fácilmente ante imprevistos y muestran poca disposición a ajustar sus planes.
Además, la investigación detectó diferencias según la edad: los estudiantes universitarios describieron una relación más flexible y menos negativa con el ejercicio en comparación con los adultos de la comunidad, quienes reportaron sentir mayor presión y frustración social.

Como alternativa, los especialistas proponen un enfoque centrado en lo “suficientemente bueno” en lugar de la perfección. Segar aconseja dejar atrás la autocrítica excesiva y aceptar que no es necesario cumplir estándares ideales, y afirmó: “Nada tiene que ser perfecto, incluido el ejercicio”.
Los especialistas sugieren que cada individuo ajuste sus expectativas según sus circunstancias y etapa vital, priorizando la constancia y la capacidad de adaptación por encima de estándares inalcanzables.
De acuerdo con las conclusiones del estudio, el éxito a largo plazo se apoya en la autopercepción y la flexibilidad. Superar la mentalidad rígida y valorar cada avance, aunque sea pequeño, permite entender el ejercicio como una oportunidad accesible, no como una obligación imposible.
Cuando los obstáculos percibidos superan los beneficios inmediatos, elegir la inacción parece razonable, lo que aleja a las personas de los beneficios del movimiento regular.
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