La típica pregunta que suele hacerse ante la inteligencia artificial es si hay que considerarla como un aliado o una amenaza. En todo caso, típica será desde noviembre del año pasado, cuando apareció ChatGPT y se vivió un temblor planetario. Para Melania Ottaviano, directora de la Diplomatura en Innovación Educativa de la Universidad Siglo 21, no hay dudas en considerar a la IA desde el primer término.
“Con el ChatGPT empezamos a pensar los beneficios y las oportunidades”, decía en el auditorio de Ticmas en diálogo con Patricio Zunini, y seguía: “la inteligencia artificial puede estar al servicio del desarrollo de las habilidades socioemocionales”. Si la educación adolece de estar demasiado orientada a los contenidos, la IA junto con la neurolingüística, puede generar procesos de conocimiento personal.
Ottaviano es profesora de Educación en la Universidad Católica de Cuyo y miembro del equipo TEDxRíodelaPlata Educación. Es, dice, una apasionada por la innovación. “Empecé a trabajar con la primera versión de Windows y desde ahí fui viendo cómo la tecnología nos desafiaba a los educadores”. Y bienvenidos los desafíos, dice, porque la educación pide a gritos un cambio.
—¿Puede la tecnología reducir el pensamiento crítico?
—Yo creo que es todo lo contrario. Nos ponen un lugar donde tenemos que desarrollar cada vez más el pensamiento crítico. Cada vez tenemos que ser más creativos y pensar cómo incluir estas tecnologías. Salen cientos de aplicaciones de inteligencia artificial. El desafío del docente es cómo incluirlas, cómo innovar con estas tecnologías.
—¿Qué consejos le darías a un docente para innovar con la inteligencia artificial?
—Lo primero que le diría es que escuche a sus estudiantes. Que les pregunte qué usan, cómo lo usan, y ver si lo pueden llevar a su materia. Dos: que no tenga miedo. Llevamos mucho tiempo usando la tecnología. No es como en el 92, cuando yo empecé, que no teníamos ni idea. Hoy los docentes están alfabetizados digitalmente. Otro consejo: estar abiertos a seguir formándose. Hoy se habla mucho de comunidades de aprendizaje con otros colegas, pero insisto en generar un ecosistema junto con los alumnos, porque ellos están sumamente actualizados y nosotros, por ahí, no tenemos el tiempo para conocer todo lo que hay.
—Tuviste un paso importante por el Ministerio de Educación: ¿cómo implementaron la tecnología?
—Mi corazón está con el proyecto de educación hospitalaria domiciliaria. Yo fui coordinadora de esa modalidad. Incluimos tecnología en la escuela hospitalaria del Garrahan, en el Gutiérrez. Lo hicimos en todo el país. Imagínate lo que es para un niño o una niña que está recibiendo un tratamiento de diálisis o de quimio que pueda estar junto con su docente. Que con la realidad virtual pueda visitar un museo. Ahí me di cuenta del impacto real que tiene la tecnología. No solo en el aprendizaje, sino también en la motivación para aprender. Y algo que identifica a los niños hospitalizados con sus pares es justamente la escolaridad. Por más enfermos que estén, siguen siendo alumnos. La tecnología les permitía conectarse a través de videollamadas con sus compañeras, con sus compañeros, con sus docentes. Es muy significativo el uso de la tecnología en un contexto hospitalario domiciliario.
—¿Qué es HumanAI?
—Es una aplicación que, a través de un texto natural de mil palabras, permite obtener un análisis de las habilidades socioemocionales de quien lo escribió. Te da un informe con, por ejemplo, el nivel de empatía, de liderazgo, la tolerancia a la frustración, la apertura que puede tener para los cambios, también la regulación emocional. Esto que se hace mucho con los tests —y sabemos que, en un cuestionario de muchas preguntas, ya cuando vamos por veinte no sabemos muy bien qué estamos contestando—. En cambio, se escribe un texto que puede ser de cualquier cosa. No tiene que ser un paper. Tiene que ser lo más natural posible.
—¿Qué derivaciones tiene?
—Se está utilizando mucho ya en España. Por ejemplo, en el gobierno navarro, en el de Asturias, también la Universidad de Navarra, en la Universidad de La Rioja. Tanto para la empleabilidad como para la educación. Imaginate tener un informe así en Recursos Humanos, si estás en algún proceso de selección de personal. O que los profesores puedan tener un informe para conocer a nivel individual y grupal a sus estudiantes. Qué interesante sería conocer si un grupo es creativo o no, qué habilidad tiene que desarrollar más, y también qué docente puede acompañar mejor ese grupo.
—La inteligencia artificial tiene muchísimas aristas y que ChatGPT es apenas el mascarón de proa.
—Sin duda, y algo me parece importante es que hoy en día se está trabajando en la cuestión ética. En Europa se está desarrollando un código ético de inteligencia artificial. La UNESCO también desarrolló un proyecto. Yo creo que la inteligencia artificial debe evolucionar de la de la humanidad. Ponemos mucho el foco en el desarrollo de tecnología, pero qué pasa con nosotros como personas. Por eso, cuando me invitaron a ser parte en HumanAI me pareció excelente, porque la evolución de la persona me parece clave.
—Siempre hablamos del miedo de los docentes, pero ¿cómo le podemos contar a los estudiantes que la inteligencia artificial es más que copiarse de ChatGPT?
—Es interesante la pregunta. Yo creo que haciendo realmente propuestas que tengan un sentido y un significado dentro de los intereses que tienen también nuestros estudiantes. Eso es clave. Si le proponemos proyectos interesantes, donde haya una elaboración, un aprendizaje, no va a haber un copypaste. Leí la experiencia de un docente que justamente les decía a sus alumnos que hicieran la tarea con ChatGPT y después vieran si las respuestas cumplían con las consignas. Ahí empezamos a ver los sesgos de la inteligencia artificial. Yo creo que hay que ser aliado de esta tecnología. Hay que recordar qué nos pasó cuando surgió internet, qué pasó cuando surgieron los blogs. Si nos ponemos a pensar, es un proceso muy parecido. Y a los educadores nos agarra mucho más preparados.
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