17 de Mayo
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Pese al ciclón, el régimen de Myanmar sólo busca incrementar su poder
Este sábado se votará un refendo para una nueva constitución con la que los generales quieren cimentar su autoridad. Mientras, aparecen cadáveres y miles de personas esperan ayuda
Ciclon Nargis, Myanmar, muertos 2
En la metrópolis desde donde ejerce el poder la junta militar de Myanmar (antigua Birmania) está vigente una prohibición vacacional: pero no porque el régimen quiera emplear hasta el último de sus hombres para asistir a los supervivientes del devastador ciclón que azotó el país, sino porque los funcionarios deben estar disponibles para organizar este sábado el referéndum en el que se votará una nueva constitución con la que los generales pretenden cimentar su poder.

"Ello muestra sus prioridades", afirma Bo Kyi que, como prisionero político, estuvo encerrado más de siete años en la cárceles de la junta, donde fue torturado. Después huyó a Mae Sot, en Tailandia. "No dejan que se les agüe la fiesta ni por decenas de miles de muertos". Sólo en 47 municipios devastados se pospuso dos semanas la votación.

La junta militar birmana realiza una ferviente propaganda en la prensa estatal a favor de su proyecto, mientras en el delta del Irrawaddy los hinchados cadáveres dejados por el ciclón se amontonan aún desatendidos en los campos. Un millón de personas lucha por sobrevivir en estado de shock y los periódicos sólo hablan de actos electorales de los ministros.

"Democracia con disciplina floreciente", se llama el proyecto de la junta. Con la nueva constitución, la junta pretende asegurarse el 25 por ciento de los asientos en el Parlamento y posiciones clave en el gobierno.

Los opositores ya sienten, sobre todo, "la floreciente disciplina". Quien llevaba antes del ciclón en Rangún una camiseta con la frase "¡No!", incitando a negar la aprobación a la constitución, era detenido. Los miembros de la opositora Liga Nacional para la Democracia (NLD) eran golpeados en plena calle.

"La junta sólo quiere legitimar su régimen con la Constitución. Quieren licencia para matar", denuncia Bo Kyi, cofundador de la asociación de ayuda a prisioneros políticos y sus familias, AAPP. Está convencido de que la población rechazará la constitución, sobre todo ahora, ya que el régimen dejó a la población en la estacada en el momento de mayor necesidad.

Cientos de miles de personas esperaban aún hoy la ayuda, mientras los cooperantes internacionales en los países vecinos no recibían el visado para entrar en el país.

"Hasta ahora no hemos recibido nada", contaba Soe Win, que vive en Kawhmu, a unos 35 kilómetros al sur de Rangún. Su hermano y su sobrina de siete años murieron al ser golpeados por un árbol durante el ciclón. "Todos están aquí de un humor imposible, votaremos seguro por el no".

Sin embargo, los conocedores del régimen no se hacen ilusiones con el resultado, que será anunciado por los generales. "La junta no abandonará su sabotaje", considera Win Hlaing, de 45 años, elegido en 1990 diputado por la opositora Liga Nacional de la Democracia, NLD.

El partido ganó entonces. Pero la junta se había equivocado en sus cálculos y había contado su victoria. Entonces ignoró el resultado y encerró a la líder de la oposición Aung San Suu Kyi bajo arresto domiciliario, hasta hoy en día, con pequeños tiempos de libertad. Win Hlaing llegó el año pasado a Mae Sot tras pasar diez años en prisión.

Desde entonces, la junta militar ha mantenido a la población a raya empleando métodos brutales y forzándola a una obediencia basada en el miedo. Sus funcionarios están estacionados en cada barrio, de forma similar a como estaba la Stasi en la antigua República Democrática Alemana. Nadie se les opone.

Constantemente asociaciones, empresas y familias deben poner a disposición participantes en manifestaciones en las que decenas de personas deben fingir harto apoyo al régimen.

Para la votación del referéndum ayudan sin dudar tropas violentas fieles al régimen, pertenecientes a la Asociación de Solidaridad y Desarrollo USDA, la organización opresora que cuenta supuestamente con 24 millones de miembros, la mitad de la población.

La junta mostró su rostro más abominable a comienzos de septiembre, cuando abrió fuego contra decenas de miles de civiles y monjes que se manifestaban pacíficamente en Rangún.

Las cifras oficiales hablaron de 31 muertos, pero los defensores de los derechos humanos hablan de docenas de muertos más.

La oposición cree en un nuevo levantamiento popular. "Nuestra siguiente fase de lucha comienza tras el referéndum", cuenta Win. El NLD tiene vigilantes en todo el país para descubrir manipulaciones electorales. "La gente está harta de los militares, sólo se necesita una chispa para volver a explotar".
Es la hora de la comunidad internacional, según Bo Kyi. "Las Naciones Unidas deben seguir la voluntad del pueblo, no de la junta".

Bo Kyi no escucha los argumentos que llaman a una actuación silenciosa para no poner en peligro el diálogo con los paranoicos generales. "Puedes tocar el violín junto a un búfalo, pero no te escucharán", dijo citando un dicho birmano.
Fuente: DPA
 
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