Todos hemos hecho en algún momento algo que quizás no estaba bien, nos hemos equivocado y nos hemos sentido mal por eso. Si hacemos algo mal, inevitablemente nos sentiremos mal. Engañar es malo, robar es malo, mentir es malo, acá y en cualquier lugar del mundo, ayer, hoy y mañana. ¿Sos de sentir culpa? La única manera de manejar adultamente la culpa que sentimos cuando nos equivocamos es corrigiendo la conducta que ocasionó el sentimiento. Así evitaremos que vuelva a suceder.
Algunas personas se autocastigan, comiendo de más por ejemplo o desmereciéndose todo el tiempo, lo cual es una actitud infantil. La posición adulta es corregir la conducta y seguir adelante. Sentirse mal en estos casos es inevitable, el tema es si sentimos necesidad de ser castigados o demostramos voluntad de cambio. Todo sistema punitivo conduce a pagar la culpa con sufrimiento. Lo cierto es que eso no resuelve la situación, ya que no busca un cambio de conducta. Recibir un castigo nos redime pero, si no hay un cambio de actitud, solo experimentamos alivio en lugar de cambiar de actitud.
¿Qué es la culpa? La diferencia entre "lo que hice" y "lo que debería haber hecho"; entre "lo que deseo" y "lo que debería desear". La persona que vive con culpa bloquea su potencial. La culpa es uno de los sentimientos más negativos que puede tener el ser humano y una de las mejores herramientas para manipular. Todo lo que nos haga sentir culpables o nos genere miedo es manipulación. Hay padres que les reprochan a sus hijos no haber podido estudiar. Están justificando así su imposibilidad para estudiar y lo proyectan en sus hijos. La verdad es que no se decidieron, o no se animaron a estudiar, pero no lo reconocen y le echan la culpa a otro. Hay hijos que se sienten culpables por la separación de sus padres, cuando la decisión siempre es de los adultos.
¿Cómo podemos evitar sentir culpa? La mejor forma es sabernos merecedores de todas las cosas buenas de la vida. Ese es un buen comienzo para evitar caer en la culpa o para salir de ella. Necesitamos entender que nadie es responsable por las decisiones de otra persona, sino de las suyas propias. Por eso, lo mejor es alejarnos (siempre y cuando sea posible) de la gente manipuladora. Vivamos la vida con alegría y disfrutemos de todo, desde el aire que respiramos hasta un momento de lectura. ¡De todo, y sin culpas!
-Sufre privaciones y dice cosas tales como: "No tengo tiempo para mí"; "no puedo gastar dinero ahora"; "me gusta pero no vale la pena"; etc.
-Obstaculiza su crecimiento y explica: "Ya estoy mayor para ponerme a estudiar"; "nunca podré superar a mis padres o a mis hermanos"; "no lo voy a lograr"; etc. La culpa siempre nos frenará evitando que crezcamos y alcancemos nuestros sueños.
-Se autorreprocha diciendo: "¿Por qué no lo hice"; "¿por qué lo hice?"; "¿por qué lo dije?; "por qué me callé?". Quien se reprocha está enojado consigo mismo por la impotencia que le genera haber hecho algo o no.
-Es rígida: la rigidez es una estructura basada en el miedo a salir de la zona de confort, romper un código de pensamiento o enfrentarse a lo nuevo.
Si la culpa es real por un error cometido, entonces pidamos perdón. Pedir perdón es un acto de grandeza que nos permite librarnos de la culpa y demuestra un cambio de actitud. Muchas veces, además de confesar nuestros errores y cambiar de actitud, también deberemos repararlos. ¿Cómo podemos reparar un error? Básicamente hay dos maneras en que podemos reparar un error:
Hacer lo opuesto. Por ejemplo, si envié una carta con contenido equivocado, puedo mandar otra disculpándome por lo dicho. La culpa siempre apunta al pasado; la responsabilidad, al futuro.
Pedir disculpas. ¡Lo cortés no quita lo valiente!
Además de frenar nuestro crecimiento, la culpa puede conducirnos en algunos casos a la depresión. En la depresión por lo general hay culpa. La persona tiene un problema y, como no logra resolverlo, comienza a sentirse triste y preocupado. Pasa el tiempo y se siente atascado, no ve la salida. Por eso, su angustia y su ansiedad aumentan. Es allí donde se bloquea y enseguida aparece la frustración. Casi inconscientemente se instala la idea de culpa, al sentirse merecedor de lo que le está pasando.
En consecuencia, busca ser castigado (por sí mismo y por otros) por no ser capaz de resolver el problema. El castigo lo lleva a estar cada día más deprimido. Con el tiempo este circuito se transforma en su manera de pensar y de funcionar.
Si la culpa es moneda corriente en tu vida, trabajá incansablemente para deshacerte de ella. No sos responsable de las decisiones de nadie; tampoco una víctima de tus circunstancias, sino el/la protagonista de tu propia vida, por lo que debés asumir la responsabilidad por cada una de tus decisiones y cada uno de tus actos, sean equivocados o no.
¡Sé libre de la culpa hoy mismo!
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