En la actualidad latinoamericana –y mundial- existen partidos políticos que dicen enfocarse en "las necesidades de la gente", cuyo eje se basaría en la "gestión" y que, en muchos casos, reniegan de toda ideología. Sus dirigentes frecuentemente sostienen que ellos no son "ni de derecha ni de izquierda" y rechazan estas categorías por viejas y obsoletas: posiblemente estén en busca del votante medio y no quieran comprometerse demasiado programáticamente para poder atrapar a la mayor cantidad de votantes. Lo que el alemán Otto Kirchheimer llamó en 1966 "partidos atrapatodo" (catch-all parties), que se caracterizan por licuar la ideología y apelar a amplios sectores de la sociedad, más allá de la clase social a la que pertenezcan.
Pero, ¿realmente estos partidos no tienen ideología? ¿Pueden no tenerla? "No existe un partido latinoamericano típico: los hay ideológicos como el PSUV (Venezuela), carentes de ideología como el PMDB (Brasil) y oscilantes como el Partido Justicialista (Argentina). Todos ellos son partidos de gobierno, es decir, no son testimoniales sino funcionalmente relevantes", asegura a Infobae el politólogo e investigador de la Universidad de Lisboa, Andrés Malamud.
"Los partidos buscan votos, en eso consiste la mitad de su trabajo –continúa-. La otra mitad consiste en producir decisiones desde cargos públicos. La conveniencia de acentuar o diluir la ideología depende del contexto: unas veces polarizar paga y otras veces no. El mismo partido puede desarrollar una estrategia más ideológica en una elección y menos en otra".
"No existe un partido latinoamericano típico: los hay ideológicos , carentes de ideología y oscilantes", dice Malamud
La directora del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca, Flavia Freidenberg, difiere de aquellas afirmaciones que sostienen que los partidos - agentes de articulación de diferencias- o las personas no tienen ideologías, puesto que en la actualidad gran parte de las disputas políticas son en torno a ellas, a maneras de pensar en cómo solucionar los problemas de los ciudadanos. "Es posible que no tengan paradigmas equiparables a los que significaron revoluciones liberales o conservadoras, o la Revolución francesa. Pero eso no quita que no existan determinadas ideas que permitan articular una serie de elementos identificados por la sociedad y en donde la gente se posiciona", subraya en diálogo con Infobae.
La doctora en ciencia política pone ejemplos sobre la mesa: el estar a favor o en contra del aborto, o el acordar o no con la intervención del Estado en la vida privada de las personas, en asuntos de la Iglesia o en la economía. La suma de todo esto daría una idea articulada respecto a la posición ideológica de una persona o un partido, posición que podría encasillarse en algún punto del espectro ideológico.
Pero Freidenberg no se queda en generalizaciones, sino que analiza país por país: en Brasil, la disputa está entre la izquierda de Dilma y Lula, y lo viejo; en México, la política se discute entre un cambio –el PRD o Morena- y lo que fue y es la derecha encarnada en el PRI; en Costa Rica ganó por primera vez en la historia un partido de izquierda bajo el liderazgo de un politólogo, Luis Guillermo Solís, y su manera de resolver los problemas políticos es ideológica. Y, en Venezuela, la manera en que el opositor Henrique Capriles le quiere disputar el poder a Nicolás Maduro también lo es. "Siempre allí hay una identidad, un 'nosotros contra ellos'. Yo no estoy de acuerdo con que las categorías izquierda y derecha no sirvan para entender el universo político", explica.
"En la Argentina, el PRO del probable candidato presidencial Mauricio Macri no es un partido de integración de masas, pero es un partido político. Es un partido de gestión, pero eso no quiere decir que no tenga ideología. Representa una serie de ideas que están muy claras. Dice que quieren 'responder a las demandas de la gente', pero eso lo quieren todos los partidos. Algunos lo dicen más, otros menos. Son partidos conservadores que se gestionan como empresas. Decir que se trabaja por las 'necesidades de la gente' es una estrategia discursiva e ideológica. En Ecuador, Rafael Correa los llama ciudadanos, por eso la Revolución ciudadana, en contraposición a la partidocracia, a la clase política tradicional", añade.
El catedrático de la prestigiosa Universidad de Harvard, Steven Levitsky, coincide en parte con el diagnóstico de Freidenberg, en el sentido de que la ideología sigue vigente, aunque quizá en un tono más tenue que antaño. "Todavía hay partidos ideológicos en América Latina, pero cada vez menos", asegura a Infobae.
En esa línea, la norma en las democracias estables que deben competir por el voto de la mayoría de la ciudadanía parecería ser una tendencia hacia la moderación, en lugar de ir hacia la polarización. "Los partidos buscan, sobre todo, el poder. Lo principal para ellos es ganar elecciones, y eso genera cierto nivel de pragmatismo", argumenta el politólogo estadounidense.
La tendencia hacia el pragmatismo se torna más frecuente con el paso del tiempo. Partidos ideologizados que nacieron en lucha contra dictaduras, con el transcurso de los años se moderan. Un caso sería el PT de Brasil que, aunque no carece de ideología, se ha vuelto más pragmático. "La Revolución neoliberal y la caída del Muro de Berlín achicó el espectro. La diferencia entre la izquierda y la derecha ya no es lo que era", considera.
Empero, esto no ocurre únicamente en América Latina. Y aunque es normal la tendencia hacia la moderación, hay excepciones. Levitsky enmarca a Estados Unidos como una de ellas, porque tiene a uno de los partidos políticos más establecidos: el Partido Republicano, dice, es mucho más ideológico que hace unos años, algo que se observa sobre todo con el crecimiento del Tea Party, el ala ultraconservadora republicana.
"Si una organización partidaria no tiene un programa claro y está en la oposición, puede limitarse a criticar. Pero también puede poner el énfasis en la 'gestión'. Es una táctica electoral fácil para partidos que no tienen programas claros", piensa. Sin embargo, en la región, poner el foco en la gestión es relevante en tanto "los Estados son débiles, hay altos niveles de corrupción y la administración en los últimos 30 años ha sido muy negativa".
Si bien no es privativo de la derecha, muchos partidos ubicados en ese polo del espectro se embarullan en ese lenguaje porque "ser de derecha no gana elecciones". "Si no puedes hacer un programa derechista, pones el énfasis en la gestión", explica Levitsky. Así lo hace Mauricio Macri, Sergio Massa y Daniel Scioli en la Argentina y así lo hizo el ex presidente de Chile, Sebastián Piñera, entre otros.
"El énfasis en la 'gestión' es una táctica electoral fácil para partidos que no tienen programas claros", explica Levitsky
Pero para el sistema de partidos esto puede tener consecuencias negativas. Para el politólogo de Harvard, los partidos de "gestión" muchas veces debilitan la calidad de representación. "En el mediano o largo plazo, los partidos son más fuertes si hay polarización programática. Si ningún partido realmente representa a nadie, los ciudadanos empiezan a sentir que nadie los representa".
Freidenberg recalca que no se entiende la política sin ideología. Y brinda un ejemplo claro del país en donde reside hace años: "En España hay una mitad que está convencida de que la mujer no puede decidir sobre su cuerpo, de que si alguien no consigue trabajo el Estado no debe ayudarlo. Y hay un partido que representa esto. Y la otra mitad se diferencia y piensa lo contrario", concluye.
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